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A DOS SEMANAS DEL ANUNCIO PRESIDENCIAL

Ministerio en debate

La primera propuesta concreta para la creación de un Ministerio de Cultura fue elaborada hace ya dos años por la entonces congresista Elvira de la Puente. Sobre ese proyecto conversamos con ella

Por Carlo Trivelli

Cuenta que fue el propio presidente García quien le encargó la elaboración del proyecto, luego de que ella y una serie de personalidades del mundo de la cultura se reunieran con él para pedirle que incluyera a la cultura en su agenda de gobierno. También que el mandatario hasta destapó una botella de pisco para brindar por la creación del ministerio durante su gestión. Augurios aparte, he aquí la primera propuesta concreta y completa sobre el posible ministerio, como para que el debate se ponga serio.

¿De acuerdo con su propuesta, cuál sería la función del Ministerio de Cultura?
-Debería ser una institución que vele por la política cultural peruana a partir de la afirmación de nuestra multiculturalidad. El ministerio estaría encargado de diseñar e implementar todas las políticas que tiendan a preservar y acrecentar nuestro acervo cultural y a promover las manifestaciones artísticas y culturales a nivel nacional, regional y local. Se integraría en él el INC, la Biblioteca Nacional, el Concytec, el Conacine y otras instituciones similares. Consideramos que la fórmula es tener tres viceministerios: uno de Patrimonio Cultural, otro de Fomento de las Artes y Letras, que también se encargaría de toda nuestra cultura viva, y por último uno de Ciencia y Tecnología. El ministro, que debería ser una figura reconocida del mundo académico, tendría voz y voto en el Consejo de Ministros y esto facilitaría el camino para tener, el día de mañana, un mayor presupuesto, ya que es deber del estado invertir en cultura.

¿Qué haría el ministerio que no se esté haciendo ahora?
-En este momento no existe una coordinación entre las distintas instituciones que trabajan en Cultura. No existe una gestión cultural dentro del Ministerio de Educación, porque el INC es un organismo con cierta autonomía, pero que no participa en la gestión del ministerio. Por eso falta un manejo coordinado de las políticas y un mejor manejo de los presupuestos existentes. En el proyecto eso se lograría con el apoyo de un Consejo nacional de Cultura, un equipo que estaría en estrecha colaboración con el ministro a cargo.

Hay quienes dicen que el ministerio debería incluir o estar incluido en áreas como Turismo o Deporte...
-El Ministerio de Cultura debe ser independiente de cualquier otro sector. Ya vivimos la experiencia de que la entidad que se ocupa de Cultura, que es el INC, depende del Ministerio de Educación que, por la propia problemática compleja de su sector, no tiene ni el tiempo ni los recursos para dedicarse al tema de cultura. En cuanto al asunto del turismo, quien viene a nuestro país, viene por nuestra cultura, tanto la material, nuestros monumentos, como la inmaterial, porque también vienen por nuestra gastronomía, por nuestro folclor, por nuestra artesanía. Por eso, promocionar el turismo primero hay que tener qué promocionar y eso es labor de Cultura. Y lo ha dicho la ministra Aráoz: ella no está de acuerdo con la creación de un ministerio de Turismo y sí con que se cree uno de Cultura.

Otro de los miedos que menciona la gente, es la posibilidad de censura a través de la administración de los recursos del Estado en el campo de la cultura. ¿Qué respondería a esto?
-Mira, justamente sería todo lo contrario: el ministerio velaría por el respeto a nuestra identidad, a todo lo que es el pensamiento, la cultura viva, las lenguas, los dialectos autóctonos al tener un viceministerio de fomento de la cultura viva.

Esas críticas se refieren a situaciones como la que sucedió con la muestra de Piero Quijano y el INC.
-Ese es un hecho aislado en una gestión de una persona. Para este tipo de cosas se establecerían políticas en las que exista, antes que nada, el respeto a la libertad de expresión en la cultura, definitivamente, y el respeto a nuestra diversidad. Eso es esencial.

Mencionaba que veías al ministro como un académico de prestigio.
-Me parece que sí, debería ser una persona que tenga una reconocida trayectoria para que pueda trabajar con el apoyo de la ciudadanía. Que sea una persona respetada. Lo veo yo como un académico de prestigio reconocido en el país. Hay muchas personas que cumplen con ese perfil.

¿Y no se animaría usted?
-Yo no tengo ese perfil. Yo no soy una académica (ríe) por eso justamente estoy mencionando los puntos que considero importantes. Si yo he tenido la fuerza para luchar por estos proyectos durante tanto tiempo es porque jamás pensé en ocupar ese lugar. Jamás. Yo podría colaborar, estar ahí, ser parte de un equipo, pero la cabeza, en mi visión, tiene que ser una persona con formación académica y, si fuera posible, con experiencia en gestión pública.

 ¿De qué plazos estamos hablando?
-Nuestro proyecto lo envió el presidente García a la Comisión de Estudio de Reforma del Poder Ejecutivo, de modo que yo pienso que el trámite va a ser un análisis de acuerdo a la nueva normatividad de la gestión pública, para adecuarlo, y supongo que será derivado al Congreso lo antes posible. Y si se requiere, se puede formar un equipo que haga algunos ajustes, porque eso es importante decirlo también: un proyecto siempre es perfectible. Pero este es ya una base sólida porque ha sido trabajado seriamente.

LA CULTURA NO PUEDE CONFUNDIRSE CON EL TURISMO
Por Víctor Vich. Coordinador de la Maestría de Estudios Culturales PUCP

El turismo se está volviendo una pura performance y se encuentra ligado a la pasiva satisfacción de las demandas del otro. Por el contrario, la cultura es el espacio para trabajar en las formas en las que nos miramos a nosotros mismos y nos posicionamos ante el mundo.

Un Ministerio de Cultura debería ser una institución encargada de reforzar la ciudadanía a partir de diversas prácticas simbólicas. Un Ministerio de Cultura puede promover muchas actividades y hacerlas sustanciales no solo para reinventar la vida colectiva sino, además, para que lo simbólico se convierta en algo más rentable (por ejemplo con las industrias culturales), más político (para garantizar mayor participación del país entero) y fundamentalmente articulado desde diversos frentes (desde los gobiernos regionales hasta las municipalidades).

Un Ministerio de Cultura, bien pensado, es indispensable si consideramos que somos una sociedad que acaba de salir de un escenario de violencia, de una dictadura mafiosa y si comenzamos a sospechar de este discurso triunfalista que quiere negar el pasado y que fantasea demasiado con el futuro. Cuando el presidente de la Confiep asegura que el turismo es más importante que la cultura, solo constatamos, una vez más, que la clase alta peruana, la clase empresarial histórica, sigue siendo, entre otras cosas, de las más desubicadas del continente.

CON O SIN MINISTERIO, CULTURA CON EFICIENCIA
Por Daniel Córdova.
Decano de Economía, UPC

Muchos escépticos del mundo de la cultura, como el escritor Alonso Cueto y el dramaturgo Alonso Alegría, han manifestado su temor de poner en manos de decisiones burocráticas qué merece ser catalogado de "cultura" y qué actividades culturales deben ser fomentadas. Tienen razón. El problema planteado es similar al de los riesgos de cualquier promoción económica sectorial: cuando el burócrata decide con la arrogancia de pretender sustituir al mercado, por lo general se equivoca y la tentación de corrupción es demasiado alta.

Están apareciendo empresas que lucran legítimamente con el teatro, el cine, los libros, como en cualquier sector. Por ello, lo primero que debe hacerse es dejar que el mercado de la cultura funcione, eliminando trabas e impuestos extraordinarios (no entiendo ese impuesto para la asociación de compositores, por ejemplo) y ajustando las sanciones a la violación de los derechos de autor.

Luego viene el tema de los incentivos, un área peligrosa cuyos riesgos hay que minimizar. Con o sin Ministerio, los incentivos deben canalizarse a través de mecanismos que imiten a los mercados. La promoción de la cultura no solo puede hacerse con eficiencia económica, debe hacerse así para asignar con racionalidad económica los escasos recursos con los que cuenta el Estado.

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