Por Foncho Miró Quesada
Localizado en la punta norte de Miami Beach, Bal Harbour Village está acompañado eternamente por las brisas del Atlántico y de Biscayne Bay, bordeado de playas prístinas y embarcaderos, adornado con residencias y hoteles de ultralujo, restaurantes finos y tiendas de la alta costura. Sus encantos los gozan igualmente residentes y turistas.
El nombre del destino de Bal Harbour, que inicialmente fue Bay Harbour, cambió pronto para reflejar mejor la ubicación, mediante un creativo compromiso lingüístico entre la bahía (bay) y el Atlántico. En el mismo año se construye el primer hotel, Kenilworth-by-the-Sea, y se promovió el ocio de lujo. Este fue seguido en la década próxima por ocho establecimientos: Sea View, Bal Harbour, Balmoral, Ivanhoe, Colony, Singapore, Beau Rivage y Americana. Estos ayudaron a poner a Bal Harbour en el mapa mundial.
En los años 50, Bal Harbour estaba considerada la riviera americana y alojaba celebridades desde realeza hasta famosos músicos como Frank Sinatra, Count Basie, Duke Ellington, Bob Dylan o Guy Lombardo.
Stanley Whitman, dueño de Bal Harbour Shops, llegó en 1945 y fue uno de los fundadores del nuevo destino. En 1957 compró el terreno que hoy alberga Bal Harbour Shops. La visión del fundador fue crear y mantener el más alto nivel de lujo y elegancia, meta que hasta hoy continúa y de este modo asegurar la singularidad y exclusividad del centro. Su tenacidad y el hecho de que no se conformara con menos de lo que había soñado le aseguraron el éxito.
Bal Harbour Shops fue diseñado para celebrar el maravilloso clima del sur de la Florida. Con sus jardines tropicales y veredas al aire libre, Bal Harbour Shops lucía y se sentía como ningún otro centro de Estados Unidos. Stanley Whitman eligió el lugar basado en la tendencia de los ricos y famosos de migrar hacia el norte. Los días de gloria de Miami Beach se estaban terminando. El 'boom' de la construcción de condominios y hoteles en la zona al norte de Miami Beach lo inspiraron a comprar el terreno del centro comercial, a pesar de que el precio fue 20 veces mayor del que pagaban en la misma época otros urbanizadores en el sur de la ciudad de Miami. En contra de las sombrías predicciones de sus asesores, Stanley abrió Bal Harbour Shops en 1965 y dedicó su vida entera a perfeccionar su centro para convertirlo en el más exitoso del país.
Con ciertos cambios en la pantalla de bienes raíces, muchos hoteles se convirtieron más tarde en condominios, y propiciaron la llegada de una élite residencial en continuo crecimiento. El Regent, que abrió en marzo 2008, sería el primer nuevo hotel construido en Bal Harbour Village desde 1947. El St. Regis le seguirá en un futuro cercano. De esta manera, lo que fue solo un sueño hace décadas hoy se está consolidando en una vibrante realidad.
El patrimonio más importante del destino de Bal Harbour Village sigue siendo sin duda la bella playa y el maravilloso clima de sol perpetuo que gozan las islas de barrera que se extienden a lo largo del sur de la Florida. La proximidad del agua y brisas constantes no solo aseguran un buen clima sino proveen de vistas panorámicas maravillosas a todos aquellos que residen o visitan temporalmente este destino.
Este oasis de satisfacciones y privilegios consiente a sus visitantes internacionales con la sofisticación sin precedente del The Regent Bal Harbour (abrió en marzo del 2008), la serenidad del The Sea View Hotel (desde 1948) y con un legendario St. Regis Hotel & Residences Bal Harbour en camino (abrirá el 2011).
Los restaurantes añaden a la atmósfera en boga de Bal Harbour Village oportunidades de satisfacer el paladar. En Bal Harbour Village, el lujo tropical de sus resorts y de sus hermosas playas está acompañado de fama, estilo, energía contagiosa y buen gusto para todos aquellos que saben disfrutar la vida.
EXCLUSIVIDAD AL MÁXIMO
En Bal Harbour Shops se dan el encuentro los diseñadores más finos -- Gucci, Prada, Valentino, Dior, Chanel, Luis Vuitton y los joyeros y relojeros exquisitos como Graff, Harry Winston, Cartier, Chopard, Piaget, Tiffany, entre otros, en lo que se constituye como el centro comercial con más ingresos por superficie y la concentración más grande de joyería fina de todo Estados Unidos.
La iniciativa de recaudar impuestos hoteleros propuesta en 1968 aseguró fondos para una permanente manutención de bellas áreas verdes, irrigación, ampliación y restauración de la playa y muchos otros proyectos.