Es cuestionable y perniciosa la decisión del Partido Aprista de encargar a algunos legisladores provincianos de su bancada la presidencia de algunas comisiones importantes, atendiendo, ¡oh sorpresa!, a su condición de provincianos.
Claro que apoyamos la democratización partidaria y el relevo dirigencial dentro del partido de gobierno. Pero, cuando se trata de la labor congresal, y de comisiones dictaminadoras que deben debatir y aprobar proyectos de ley de la República, lo que debe primar es el mérito, la capacidad, la experiencia y la probidad.
Ya estamos viendo los perjuicios de este "nuevo control político": el nuevo presidente de la Comisión de Defensa, Édgar Núñez, ha dedicado las primeras horas de su gestión a atacar a su paisano y ex presidente del Parlamento Luis Gonzales Posada, con quien, para mayor confusión, no se ha tenido la cortesía tradicional de darle la presidencia de una comisión. Y sería precisamente Defensa donde, por su capacidad, mejor podría desempeñarse.
Esto no puede continuar. No solo se está resquebrajando la voceada unidad del partido y se fomenta bloques antagónicos, sino que se maltrata a autoridades legislativas salientes y se expone al país a actuaciones improvisadas y personalistas que finalmente nos afectarán a todos de una u otra manera.
La pregunta es: ¿Puede permitirse este Congreso seguir dando más traspiés?