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ADICCIÓN. El hombre y el cigarrillo

Dejar de fumar: ¿una conducta contagiosa?

Puede que una persona que esté intentando dejar de fumar experimente una sensación de soledad; sin embargo, quienes finalmente abandonan este mal hábito lo hacen porque han tomado esta decisión junto con otros integrantes de su grupo social, informaron investigadores estadounidenses.

De hecho, las personas más aisladas son las que siguen siendo más adictas, dado que se han apartado de sus redes sociales. "El estudio nos dice que las relaciones tienen un impacto crucial sobre las conductas y las decisiones relacionadas con la salud y que las personas son influenciadas fuertemente", señala el doctor Richard Hodes, director del Instituto Nacional sobre Envejecimiento de los Estados Unidos, entidad que financió la investigación.

DATOS
Los doctores estudiaron a 12.067 sujetos y hallaron que cuando se analizan las redes sociales amplias, personas que no se conocían habían dejado de fumar al mismo tiempo que otras por el simple hecho de que en algún momento había entrado en contacto con quienes habían abandonado el vicio.

Ejemplo perfecto de dicha actitud es lo que ocurre con los esposos: cuando alguien dejaba de fumar, su marido o su mujer era un 67% menos propenso a continuar con la adicción. Asimismo, quienes abandonaban el cigarrillo influían en sus hermanos, en sus amigos e incluso con los compañeros de trabajo.

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