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HABLA EL QUE SABE

El serf peruano

Por Óscar Montezuma Avendaño. Sociólogo*

Las olas funcionan como el Xanax que seda esa alicaída manera que tenemos los peruanos de enfrentarnos a los traumas de las guerras perdidas. Las tablas reivindican y abren mares a todos los sectores (conviven las Málagas con las Gómez, los Urcia y los Swayne), sí, pero no más que la pelota, ya que democratizan la cancha oceánica del mismo modo como una losa deportiva provee el escenario de la pichanga pelotera. Entonces, ¿qué hace del surf nuestro nuevo juguete peruanizador?

Por un lado, que nuestras féminas hayan convertido el océano en un matriarcado, mientras que pisando tierra, el machismo perucho milenario les hace la resistencia. Por otro lado, que se haya roto con el estereotipo fármacodependiente del surfista y que ahora venda celulares y se tome antigripales. Y por otro --el más delicioso-- porque nos recuerda qué se siente ese saborcillo ayahuasquero y alucinador de ganar.

Pero no se trata de construir identidades en base a nombres que podamos colgar en los laureles de cemento del Estadio Nacional. Personificar la práctica de un deporte libre como es el cabalgar sobre las olas podría convertir nuestra necedad de buscar héroes en el tiro por la culata peor pensado de la historia.
*Uno de los autores del blog Choledad Privada

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