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CINE DE MONTAÑA. Invitado de lujo en el Tour Inkafest 2008

Una mirada extrema

SEBASTIÁN ÁLVARO ES EL CREADOR Y CONDUCTOR DE "AL FILO DE LO IMPOSIBLE", UN PROGRAMA ESPAÑOL CUYO LÍMITE ES SOLO LA MUERTE

Por Gonzalo Galarza Cerf

Sebastián Álvaro posee el humor mordaz de los hombres que han aprendido a cultivarlo de tanto vivir bajo situaciones límite donde no cabe lamentarse, como Juanito, uno de los 1.500 deportistas extremos que trabajan en su programa "Al filo de lo imposible" y que estuvo a punto de morir congelado en una montaña del Himalaya. En las imágenes exhibidas durante una conferencia dictada por Álvaro se lo ve llegar al campamento base y decir: "Espero que tengan servicio de habitación". Juanito perdió los diez dedos de los pies. Es el costo por ver ese otro lado de la vida.

"Ser atrevido se paga. En la profesión a la que yo me dedico, un error significa morirse", dice este español que empezó a grabar documentales hace 27 años y que hoy dirige un programa que, transmitido por Televisión Española, es visto por 2 millones de personas en su país.

Ha participado en la mayoría de las 190 expediciones que ha organizado, entre las que se encuentran cruzar el Polo Norte a pie y volar en globo aerostático completando la ruta del explorador Francisco de Orellana. Dice que ningún documental filmado (tiene 300) le dará las mismas emociones y sensaciones que cuando está en la montaña. Hoy, por ejemplo está en Huaraz como jurado del IV Festival Internacional de Cine de Montaña y el Medio Ambiente.

¿Estuvo en el Himalaya cuando ocurrió la última tragedia del K2?
Sí, ha sido la mayor tragedia ocurrida en el K2, y en Karakórum. Si descartamos las tragedias de los años treinta ocurridas en el Everest, que mueran once personas en un solo accidente es mucho.

¿Vio que podía pasar esto?
Había razones que indicaban que algo no funcionaba bien. Una era la cantidad de gente que intentó ese día llegar a la cumbre. Nosotros estábamos en una expedición en una montaña muy cerca del K2, en el Gasherbrum IV, una de las más difíciles y prestigiosas del mundo (a 7.925 metros), pero también una de las más bellas. Justo el día que hacíamos cumbre se produjo el accidente. Ha sido un año meteorológicamente raro y hasta finales de julio las expediciones no tenían posibilidad de subir.

¿Había mucha ansiedad?
Se abrieron 5 días de buen tiempo y todos se fueron a la cumbre. Cuando tanta gente lo intenta es seguro que habrá algún muerto. La estadística del K2 es tremenda: una de cada siete personas que sube a la cumbre no baja con vida.

Bajo esa estadística hay que tener más que pasión...
Se puede tener pasión, pero también hay que tener la cabeza bien fría. Yo no he subido al K2, pero he dirigido cuatro expediciones, de las cuales dos han hecho cumbre: en una perdimos a un compañero y en otra bajamos a dos muy congelados. Uno de ellos perdió todos los dedos de los pies.

En tragedias como esta uno siempre se replantea cosas...
Las veo con ojos críticos, para entender en qué fallaron. Porque cuando un alpinista muere en montaña siempre es el resultado de un error. Las montañas no son asesinas ni matan a los alpinistas, se rigen por leyes físicas.

¿Cómo maneja al grupo bajo estas situaciones?
No es difícil. Sobrevivir bajo situaciones límites también tiene que ver con un aprendizaje. El talento, el valor, el coraje, la experiencia: todo eso se aprende.

Usted lo ha aprendido en 27 años. ¿Empezó solo?
Sí, quería hacer documentales de montaña y aventura. Era alpinista y en España no había, y fuera del país había muy poco. Primero fui a una expedición con cinco amigos y dos murieron enseguida.

De golpe tuvo que enfrentarse a la muerte...
Este negocio tiene un riesgo muy elevado. Lo sabía. En todo este tiempo habré perdido más de veinticinco amigos en montaña y sé que todos los años perderé a otro.

¿Dónde fue esa experiencia?
En el Himalaya, en montañas de más de 8.000 metros. Fue una experiencia bellísima, aunque muy dura. Estuve a punto de morir, me caí a una grieta y estuve colgado de una cuerda por dos horas. Me sacaron en medio de la tempestad. A partir de allí mi vida cambió.

Uno empieza a valorar las cosas esenciales de la vida.
La aventura te permite valorar cosas esenciales y vivencias únicas, no solo las sensaciones que he tenido en los parajes en los que he estado. A la vuelta valoras beber una cerveza o darte una ducha caliente.

¿Cuál es su próximo proyecto?
Tengo muchos. Uno incluye el Perú, Argentina y Chile. Será de aventura, científico y de ayuda humanitaria. También queremos atravesar la cordillera del Karakórum en globo aerostático. Estamos esperando hace seis años que el Gobierno Chino nos dé permiso.

¿Trabajar en China es difícil?
Siempre es complicado con un sistema dictatorial. Este año parecía que China se iba a abrir con los Juegos Olímpicos, pero nunca ha habido más represión que ahora.

En otros países también ha vivido situaciones complicadas...
Sí, en Pakistán es difícil. Hay que ser inteligente y saber que en un momento de crisis tu vida vale muy poco en estos sitios .

Hay muchos peligros...
Hay que ser cuidadoso. Cuando vas a Pakistán a filmar una montaña de 8.000 metros, muchas veces se piensa que el gran riesgo es llegar a la cumbre, y así ocurre; pero también el peligro y la incertidumbre están a la vuelta de la esquina.

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