El rostro del suboficial PNP Sergio Núñez Sarzo (48) luce sereno cuando dice que hasta hoy ha desactivado 300 bombas en los 25 años que tiene como policía. "Es como enfrentar a monstruos, pero quedo con la satisfacción de salvar vidas", expresa y los ojos de inmediato le brillan cuando recuerda que esos monstruos le han arrebatado a siete amigos y otros muchos quedaron mutilados cumpliendo su deber.
Sergio Núñez nació en Andahuaylas y está casado con Victoria del Pilar Yauri, con quien tiene cinco hijos, tres de ellos policías como él. A pesar de que su familia es lo más valioso en su vida, este suboficial no duda en pelearse con la muerte, que una vez lo dejó herido. Felizmente siempre sus manos han salido ganadoras.
Sus momentos más dramáticos los vivió cuando le tocó desactivar una bomba que había sido colocada en la línea férrea en Quebrada Honda, a cinco kilómetros de Huancayo, cuando faltaban pocos minutos para el paso del tren que llegaba de Lima, en 1987.
"Fue el momento más difícil que pasé porque tenía la gran responsabilidad de salvar la vida de cientos de pasajeros. Gracias a Dios, lo hice a tiempo".
Cobró relevancia en Huancayo durante los días oscuros del terrorismo, pues era el rostro más conocido de la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDEX). Aparecía donde había una bomba de por medio y hace unos días reapareció cuando hubo la alarma de un explosivo en el Poder Judicial, donde desactivó un artefacto.
Por algo instructores americanos de desactivación de bombas le bautizaron como "Hunter" (cazador) porque durante su entrenamiento en la academia de policía de Luisiana (Estados Unidos) destacó al ubicar rápidamente los aparatos explosivos y desactivarlos. En este curso ocupó el primer lugar y mereció una publicación en una revista especializada.
'El Chino', como cariñosamente lo llaman sus colegas, narra que el año de 1987 quedó herido y casi pierde la vista cuando una granada explotó en manos de un terrorista.
"En otra oportunidad creí que estaba muerto. Fue cuando acudí a desactivar una bomba que terroristas instalaron en una caseta de vigilancia del local del Seguro Social de Huancayo. Era de noche y me encontraba concentrado cuando se produjo un destello que me dejó estupefacto, hasta que un colega me gritó: ¡Sigue, Núñez; sigue, Núñez! Eso me hizo volver a la realidad . Más tarde me enteré que el potente flash de un fotógrafo produjo el resplandor".
Núñez recuerda que al graduarse de policía se ofreció de voluntario para un curso de técnico en desactivación de explosivos que duró seis meses. "Fue en ese momento que descubrí esa vocación que muchos consideran extraña, pero para mí es un compromiso que debo cumplir con la sociedad y lo haré mientras pueda", expresa.
Entre bomba y bomba, Sergio Núñez estudió Derecho y en marzo pasado se graduó de abogado, pero continúa como desactivador de explosivos y no tiene problemas en volver a enfrentarse a los monstruos.