Por Gastón Acurio
Al igual que nuestra biodiversidad, nuestro inmenso patrimonio cultural es una de las herramientas más valiosas para fortalecer la identidad peruana y cohesionarnos hacia un proyecto común.
Sin embargo, nuestro patrimonio cultural aún carece de ese gran motor que, además de su innegable poder emocional, genere para los peruanos ese importante valor económico que tanta falta nos hace.
Cierto es que se vuelve fundamental una ley de mecenazgo que canalice capitales privados para que el Perú cuente con los museos más hermosos de América. Cierto es que el Estado debe ver en la música, la pintura, la danza, la cocina y en todas las artes piezas valiosísimas para vender ante el mundo una imagen única y sofisticada del país. Es cierto entonces que un ministerio de cultura muy bien afinado traería muchos beneficios económicos. Pero también es cierto que nuestros hermosos monumentos arqueológicos nunca traerán estos beneficios económicos si no son asociados al turismo.
Si no comprendemos que nuestras ruinas o parques y reservas naturales no bastan por sí solos para atraer al turista y que solo dotándolos de todos los servicios y mirándolos como atractivos productos turísticos, social y ecológicamente responsables, podrán adquirir ese valor de destino que tanto esperamos, si no comprendemos esto entonces será muy difícil que cumplan con los fines de su existencia. Que no son otros que servir de fuente de oportunidades y de desarrollo a las olvidadas poblaciones asentadas históricamente a su alrededor.
Y así, aparece de pronto la gran pregunta. ¿Ante un ministerio de cultura y otro de turismo, no será mejor la creación de un ministerio de cultura y turismo?
Es solo una pregunta.