Por Diego Otero
En principio, esta muestra vale porque se propone como un homenaje al único concurso de arte que ha logrado mantener una constancia considerable -desaparecidos, hace años ya, los certámenes auspiciados por la firma Johnny Walker y por el Centro Fundación Telefónica- como estímulo para la creación joven, usualmente situada en un contexto de inestabilidad y precariedad. Pasaporte para un artista es, pues, una especie de oasis. Y hay que conservarlo.
El premio nació con la pretensión de ser un espacio abierto, tanto a la amplia diversidad de formatos que el arte contemporáneo permite y reclama -pintura, fotografía, instalaciones de diversa índole, video, objetos, etcétera- como a la producción que se realiza más allá de los límites de la capital, intentando echar luces sobre proyectos creativos desarrollados prácticamente al margen de cualquier apoyo institucional. Lamentablemente, lo que un concurso puede hacer para tender puentes y abrir puertas es mínimo.
A veces también pareciera que el afán descentralizador se impone más como una "cuota" o un gesto políticamente correcto.
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Con todo, a lo largo de estos diez años, Pasaporte se ha consolidado como un premio que busca un equilibrio entre el espaldarazo a una tradición y el riesgo de lo nuevo, lo más joven o desconocido. Así, por ejemplo, el premio a Haroldo Higa en 2004 representó el reconocimiento a uno de los artistas que mejor ha redefinido las nociones de escultura en la escena local contemporánea. Souvenir-cremoso, la instalación por la que fue distinguido, era una apropiación de ciertos clichés en el proceso que va de la producción al consumo de la artesanía para comentar con aguda ironía acerca de los vínculos entre mercado y creación artística. Pero también para comentar acerca de las negociaciones, tensiones y falsas expectativas que se producen entre el panorama local -periférico- y el global.
En la orilla opuesta, un premio como el otorgado el año pasado a Luis Soldevilla encarna un firme propósito por acercarse a experiencias plásticas ajenas al circuito cerrado de estudios y exhibición. Experiencias que poseen, acaso por eso mismo, una frescura y un sistema expresivo inusual. Egresado de la Facultad de Ciencias de la comunicación de la Universidad de Lima, Soldevilla era, hasta antes del premio, un nombre completamente desconocido en la escena. En Paisal, su video instalación, la edición funciona como método analítico: la cuidad de Lima es registrada en un recorrido planteado en contrastes y oposiciones de tres pantallas, dispuestas en una proyección que cubre 180 grados, como simulando -por momentos parodiando- el campo de la visión humana.
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Premiados por Pasaporte han sido nombres tan importantes hoy como Christian Bendayán -pintor que ha fusionado con gran talento una mirada contemporánea y popular a la vez, y que ha sido el auténtico gestor de una creciente reivindicación del imaginario simbólico de nuestra Amazonía-; Juan Enrique Bedoya, que ha llevado, con gracia y sin perder pulso emocional, la fotografía a territorios de lo conceptual; o Fernando Bryce, que se ha convertido en el nombre clave cuando se habla de arte peruano proyectado internacionalmente.
El tiempo dará su veredicto sobre los artistas premiados en ediciones más recientes, pero trabajos como el de Ana Teresa Barboza, que juega críticamente con las relaciones entre la autoexploración del cuerpo y los roles tradicionalmente femeninos, o el de Elena Damiani, que a pesar de cierto énfasis erudito ofrece un puñado de inquietantes imágenes sobre un futuro en el que la naturaleza es apenas virtualidad o simulación, hablan de talento y rigurosidad.
ASÍ QUE PASEN DIEZ AÑOS
La doble exposición Pasaporte para un artista: diez años después cuenta con la curaduría de Cecina Armitano, Rodrigo Quijano y Sharon Lerner, y se puede ver en la Salas Miro Quesada Garland y Porras Barrenechea de la Municipalidad de Miraflores. Además de los trabajos ganadores, la muestra exhibe una selección de finalistas que han desarrollado propuestas influyentes en nuestra actualidad artística. Va hasta el cinco de setiembre.