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EL RETO DEL MINISTRO LUIS VALDIVIESO

¿Mago o fakir?

Por Luis Solari de la Fuente. Ex primer ministro

Los principios son los necesarios referentes que sustentan el sentido de nuestros actos; cuando forman un cuerpo organizado, constituyen doctrina, ideario o principios rectores. Los usuales términos visión y misión, expresan precisamente un cuerpo de principios.

En la vida pública se nota a leguas quién tiene principios, y quién no tiene bandera, cuando se trata de temas morales y éticos. Cuando se trata de materias públicas no vinculadas a estos temas, generalmente pasa desapercibido el asunto de los principios.

Como usualmente se conoce poco de dichas materias, es difícil juzgar si el funcionario es el indicado o no. Por ello, es mejor observar qué visión posee, para inferir qué principios la sostienen, y así establecer si es adecuado al cargo y al momento de la historia en que ejerce.

El ministro de Economía ha planteado al Congreso, y al Perú, que la economía mundial se está poniendo como brasa ardiente, y que hay que disminuir nuestra velocidad de crecimiento, reduciendo la inversión pública. Algo así como quitarle los zapatos para que se chamusque un poco y vaya más lento. ¿Menos infraestructura, más competitividad? ¿Cómo así?

¿Si, como dicen, el principal componente de la inflación consiste en que la demanda interna de bienes es mayor que la disponibilidad de los mismos; y si casi 90% de esa demanda la genera el sector privado, ¿a quién va a afectar la reducción de la inversión pública?

Va a afectar principalmente a las personas y las familias de los 16 departamentos que producen apenas el 20% del PBI nacional, precisamente porque sus economías por años, por la escasa inversión privada territorial, vienen siendo sostenidas principalmente por el gasto público.

El planteamiento del funcionario proviene de una visión, de un Perú irreal, supuestamente homogéneo, que es el de las cifras exclusivamente macroeconómicas, y no de nuestra realidad territorial. Aunque haya buenas intenciones, plantear corregir la inflación pensando más en las cifras que en las personas, exhibe una visión. ¿Mientras el mago decide en Lima, se va a convertir a los peruanos de los departamentos más pobres en fakires? ¿No pasan acaso suficiente hambre? ¿Dónde está el humanismo?

El ministro tenía que haber presentado su plan para incluir en la economía del crecimiento, a las empresas y familias que están fuera de él.

Otra vez ¡cuidado!, poner el arreglo de la inflación sobre los hombros de los territorios más pobres colisiona con la dignidad humana. Además, se pretende aplicar esto ¡con dos procesos electorales ad portas y las encuestas como van! ¿Incendiar la pradera para beneficiar a quién? ¿A un (o una) mesías electoral?

¿A un ministro que viene de fuera quiénes son los prestidigitadores que lo están asesorando? ¿Regresa la visión de los años 90: rescatar economía aumentando mortalidad de los pobres? ¿Qué clase de funcionarios son esos que, para mejorar la relación entre el Gobierno y la ciudadanía, plantean empeorarla en los departamentos donde ocurre la menor aprobación presidencial?

El poder puede hacer que los gobiernos posterguen sus principios doctrinales; entonces, comienzan a actuar buscando el qué y el cómo, antes que por qué y para qué. Esto conduce a actuar más en el corto plazo, limitando la visión hacia el futuro y, más importante, conduce a mirarse más a sí mismo y menos la realidad integral. El conjunto lleva a convertir en funcionarios más a pragmatistas que a humanistas. En el contexto peruano, esta es una de las razones del deterioro de la relación Gobierno/ciudadanía.

Mejor conceder el apelativo de mago a cada peruano que tiene que sobrevivir con ingresos por debajo de la canasta básica. ¿Nuestro mago aceptará ser fakir?

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