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PESO PLUMA

Una tarde no tan remota

Cueto, el escritor, recuerda al otro Cueto, el 'poeta', anotando a Venezuela con la derecha.

Por Alonso Cueto. Escritor

A lo largo de nuestra vida como espectadores de fútbol, hay una serie de imágenes en movimiento que permanecen con nosotros, y que quizá corregimos o mejoramos en la imaginación. El gol de Cubillas a Brasil en Belo Horizonte, el de Perico León a Argentina en el Estadio Nacional y otros son parte de mi propia leyenda del recuerdo. Otro es, sin duda, el cuarto gol que le hicimos a Venezuela en las Eliminatorias de 1985.

La jugada, que puede verse en ese paraíso de la memoria que es You Tube, se inicia con un pase largo por la izquierda que Barbadillo (creo que es Barbadillo) devuelve hacia el centro, al borde del área rival. Allí es donde Cueto la conecta con la pierna derecha, la que dominaba menos, hacia el ángulo del arco venezolano. Fue el último gol de una victoria aplastante y especialmente reconfortante, pues ocurría en una época incierta.

Por entonces, las Eliminatorias no habían ido del todo bien y acababan de nombrar como director técnico a Roberto Chale, un tipo con una virtud indispensable en los tiempos de crisis: una fe que lindaba con la insolencia.

La goleada y en especial el último gol nos llenaron de esperanzas. Mi amigo Efraín Trelles pronosticó por entonces que la semana siguiente ganaríamos a Argentina en Buenos Aires, con lo cual podríamos ir al Mundial del 86.

No ganamos ese último partido, pero estuvimos a punto de ganarlo, y jugamos tan bien o mejor que nunca. Esos encuentros contra Venezuela y Argentina del 85 fueron la última gran demostración de lo que una generación de grandes futbolistas pudo hacer. No se trataba de una suma dispersa de individualidades sino de un equipo de grandes jugadores que en base a la organización de dirigentes pudo lograr una época de oro.

EL POETA Y YO
Llegué a conocer a César Cueto en una entrevista que le hice para la revista "Somos" poco después. Conversamos mucho aquella vez y me sorprendieron su buen humor, su sencillez y su carisma. Alguna vez me han preguntado si somos parientes. Cuando era joven, recuerdo que algunos amigos se burlaban de mí diciendo que él era el poeta de la zurda y yo, el intelectual de izquierda.

Los tiempos en los que goleábamos a Venezuela y ganábamos en Lima a Argentina (o empatábamos en Buenos Aires) no han vuelto. El estadio hace mucho que no ve una goleada de la selección. Sin embargo, creo que al menos un puñado de quienes vayan hoy al estadio conservan el recuerdo de aquella jugada que se inició por la izquierda y que el 'Loro' conectó como no lo haría nadie, en una tarde no tan remota ni ajena.

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