Por Fernando Lozano
Fue uno a tres, pero no fue goleada. Este equipo que ya le perdió el miedo al cuco brasileño no se dejó pasar por encima. Ayer le jugó de igual a igual al más crecido de Sudamérica y cayó luchando en la final del Sudamericano de Menores. Incluso no hay que ser tan optimista para afirmar que, en un Coliseo Dibós que se rebalsaba de gente, el clásico sudamericano (aquel viejo Perú-Brasil) había vuelto.
Se perdió un partido, pero se gana una generación. Sí, una promoción que promete, no necesariamente repetir hazañas tipo Seúl 88, pero sí devolver el Perú-vóley a los primeros planos de la órbita mundial. Nombres como el de la chica Baella, elegida la mejor en su puesto, representan la bandera de una camada que por una semana hizo que las tapas de los tabloides deportivos no fueran sobre Solano o Butrón, sino sobre las nuevas matadoras.
SET PARA EL PERÚ
Las brasileñas se pusieron adelante muy rápido. El sexteto peruano tardaba en meterse en el partido. Dos tiempos oportunos del técnico Artieda tuvieron un rápido efecto: Perú mejoró en recepción y armado, y fue igualando el partido. Brasil empezó una siesta y el Perú despertó de golpe. Un saque de Raffaella Camet puso la paridad 23-23 en las postrimerías del set.
Los seguidores de la Camet jugaban su partido aparte en las tribunas. Unas cuatro filas de familiares y amigos de la jugadora con el número 14 en su camiseta --igual que la carismática Raffa-- armaban la fiesta para que las brasileñas se sintieran más visitantes que nunca. En esos últimos puntos también ellos fueron decisivos. El ida y vuelta de anotaciones siguió hasta que las peruanas lograron ponerse adelante 26-25. El grito contenido hace muchísimo tiempo explotó con ese punto 27 conseguido por Diana Gonzales.
Las brasileñas afrontaron el segundo set dispuestas a hacernos creer que fue mala idea herirlas. Rápidamente se pusieron adelante y entre Rosane, Sthefanie y Francynne se dedicaron a destruir la defensa nacional. Luego, en frío, Karla Torres reconoció que se habían relajado un poco. Error fatal. Las brasileñas no perdonaron y nos apabullaron 25 a 12.
El tercer set era el de la esperanza. Ganar era una necesidad. Pero se empezó perdiendo 4-0. La capitana Vivian Baella lideró la recuperación desde la izquierda traspasando con su 1,75 el bloqueo de chicas de metro ochenta y siete. Raffaella Camet no estuvo en su mejor tarde y no podía hacer lo mismo desde su punta derecha.
Perú igualaba y luchaba punto a punto. La líbero María Fátima Acosta se exigía al máximo para contener los mates de Sthefanie, pero no siempre tenía éxito. Estuvimos cerca. 20 a 19 para Brasil. La oportunidad de voltear estaba ahí, a la vuelta de la net, pero no se concretó. Faltó peso, y el tercero terminó 25 a 22.
El cuarto fue jugado con todo el corazón. Las matadorcitas no querían darse por rendidas. Al final el 25-19 en contra dijo que se había perdido el título del Sudamericano, pero todavía vamos al Mundial. Sobra convicción en que hay equipo para mirar adelante. La Copa del Mundo debe ser el escenario de una revancha.