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LABOR ALTRUISTA QUE MERECE DESTACARSE

Tiene 92 años y sigue curando a los niños quemados del Perú

Algunos pequeños internados en el pabellón de quemados del Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN), otrora Hospital del Niño, le dicen papá, y el doctor Augusto Bazán Altuna realmente los quiere como si fueran sus hijos y hasta sus nietos. A paso lento, el galeno mayor de ese centro de salud recorre los pasillos del pabellón que lleva su nombre, y dice que lo hará "hasta que el cuerpo aguante".

A sus 92 años, el doctor Bazán, adulto mayor distinguido y pionero de los tratamientos para pacientes con quemaduras, continúa trabajando en esa área del hospital. Realiza curaciones, comparte su experiencia con sus colegas jóvenes y, sobre todo, llena de esperanza la vida de cientos de niños afectados por las quemaduras.

Dedica sus mañanas de lunes a viernes, y también de los fines de semana si es necesario, a colaborar en la solución de las necesidades del pabellón de quemados del mencionado nosocomio. Lo hace ad honórem desde 1986, cuando, tras su jubilación, el entonces ministro de Salud David Tejada le propuso ser consultor del tratamiento de quemados en todo el país.

Aunque don Augusto no aceptó ese nombramiento, de inmediato dio el sí, pero para ser consultor en el pabellón de quemados del ahora INSN, área que fundó hace 45 años. Hasta el momento ha atendido a 13.295 niños.

El 24 de julio de este año recibió el Premio Esteban Campodónico Figallo 2008, otorgado por la Universidad de Piura en honor al oftalmólogo italiano que dejó una fortuna para ser repartida entre las personas e instituciones que destaquen por su labor en favor de la salud de los peruanos. Con ese último reconocimiento, se comprueba que Bazán es uno de los adultos mayores más altruistas y esforzados de nuestra época.

Trabaja en el otrora Hospital del Niño desde que se graduó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, primero en cirugía pediátrica para luego revolucionar el pabellón de quemados.

Hasta 1950 el 40% de niños menores de 12 años quemados que llegaban al hospital moría en las 48 horas posteriores al trauma. A partir de 1951, con la ayuda de dos expertos estadounidenses, el doctor Bazán logró reducir la mortalidad al 6% con la administración de una solución de cloruro de sodio vía intraperitonial.

Posteriormente, a partir de 1985, redujo ese índice a 0,03% con alimentación hiperproteica e hipercalórica. Sin duda, una vida dedicada a los demás.

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