Por Antonio Orjeda
Escribía y borraba. Ya estaba harto de escribir y borrar. Su mujer entonces le recordó las palabras que, según un profesor de narrativa, decía Gabriel García Márquez cada vez que se quedaba en blanco: "Putas, vengan a mí".
Roberto las repitió hasta el hartazgo. Ellas --las palabras-- no llegaban.
Nacido en Buenos Aires, 12 años atrás se de-sempeñaba como director de recursos humanos de un banco argentino cuando un colega le anunció cuál era su más caro objetivo: ser el próximo jefe de recursos humanos. Sí, le estaba anunciando que lo que él quería, era su puesto.
Aunque usted no lo crea, Roberto procedió a guiarlo. Pronto descubrió que, más que vocación, lo que movía a su colega era la ambición.
"El mundo de los recursos humanos es apasionante, pero también un apostolado, porque tú asumes la imagen de la empresa, su cultura, sus valores y tienes que transmitirlos". Convencido de esto --y decepcionado de la actitud de su colega--, pensó en escribir algo al respecto. Pero, así como lo pensó, igual se olvidó.
El 2004, ya en el BBVA, fue a un curso en El Escorial, España. Semanas antes, en Lima, otro colega, esta vez un apasionado por los beneficios que podía generar un área de recursos humanos bien llevada, lo hizo desempolvar esa, su vieja idea de escribir, pero por más que lo intentaba, lo único que Roberto obtenía era un manual. Uno de esos que hay a montones.
Pero una mañana, caminando por El Escorial, las 'putas' llegaron a él.
EL APRENDIZ
Corrió al hotel, comenzó a escribir a mano. Rumbo a Lima, usó las 12 horas de vuelo en lo mismo. Ya en casa, Rosa supo que las 'putas' habían llegado, y que a lo que su esposo le estaba dando forma, era a una novela gerencial.
En abril del 2007 estuvo lista, la llamó "El aprendiz". La empastó, la registró en Indecopi, conversó con varias editoriales.
Ninguna estaba dispuesta a publicarla ese mismo año, tal como él exigía. ¿Qué hizo? Sencillo: la publicó con la suya. De los mil ejemplares que tiró, afirma que no queda uno. En la contratapa, el entonces gerente general del banco, Jaime Sáenz de Tejada, le estampó sus elogios. Lo que pocos sabían, era que Roberto ya maquinaba su próxima obra.
Pero, ¿a qué hora la escribía? ¿Más aun si tomamos en cuenta que por su cargo está a disposición de su institución las 24 horas del día? "Yo soy muy disciplinado, escribía los sábados y domingos a partir de las 6:00 p.m.". Y claro, si durante un directorio le venía una idea para su nuevo libro, ¡al toque --y solapa, nomás-- la anotaba!
Así fue como este año tuvo lista "Maita rinki", obra que a decir suyo es mitad autoayuda, mitad herramienta de recursos humanos.
"¿Y también vas a querer publicarla de inmediato?", le preguntó su actual editor. Roberto asintió. Eso sí, aclaró que no quería regalías, que lo suyo es compartir. Así, decidió que su parte vaya al pabellón de niños del Hospital de Neoplásicas. La editorial decidió sumarse a su causa y su banco también.
Roberto no descansa, ya está preparando su tercer libro. "Ya tengo el título, pero no te lo voy a decir".