Por David Hidalgo Vega
En el delicado escenario de las aulas escolares se cuece el mejor argumento para la dramaturgia nacional: el quinto concurso de redacción en un país con graves problemas de lectura, más el cuarto concurso de argumentación y debate en el mismo país cuyos alumnos casi no entienden lo que pronuncian. El dilema reposa menos en las pulsiones del realismo mágico que en las cifras crudas y duras: según una encuesta oficial del 2001, uno de cada dos alumnos de secundaria "se ubica en el nivel más elemental de la escala de alfabetización lectora, lo que significa que no son capaces siquiera de manejar las tareas más básicas de lectura comprensiva". En el 2003 un nuevo encefalograma de nuestra realidad colegial reveló que de cada cien alumnos de cuarto de media, solo cuatro saben manejar correctamente los signos de puntuación o los sistemas numéricos. Visto así, se diría que los certámenes mencionados ofrecen premiar una calidad con sabor a supervivencia.
En Iquitos, por ejemplo, la profesora Marta Romaní Sánchez, una funcionaria de la Dirección Regional de Educación, lo nota en el recuento de participantes de este año. "En Maynas hay más de ochenta colegios, pero solo tres han participado", comenta. Los reportes de las distintas UGEL confirman la racha: algunos colegios ni siquiera envían candidatos. Entre las causas presumibles, la escasa comprensión de lectura tiene peso propio. "Es escandaloso que un alumno de secundaria no sepa leer (o no entienda lo que lee)", dice la maestra. No sería descabellado mirar los resultados de esos concursos como un recuento de los daños antes que como una competencia de talentos.
"El panorama desolador que arrojan los resultados anteriores sobre el rendimiento de la mayoría de estudiantes no justifica el esfuerzo que significa para los estudiantes ni para sus familias continuar con su educación", precisa un estudio de Carolina de Belaunde, investigadora del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), publicado el 2006.
Estas alarmas --tantas veces disparadas-- han generado planes en el Ministerio de Educación con resultados variables. Sin embargo, una iniciativa privada ha abierto un camino para considerar. El programa Leer Es Estar Adelante, impulsado por la Fundación BBVA del Banco Continental, ataca el problema de acuerdo con una estrategia ejecutada por especialistas del IEP. "La propuesta intenta mejorar los niveles de comprensión de lectura, una deficiencia que marca a los niños de por vida", refiere el investigador Marcos Garfias, coordinador institucional del proyecto. El impacto no es menor: desde inicios de año, más de cuatro mil niños de cuatro regiones reciben un cuidadoso adiestramiento.
E l colegio Ruy Guzmán, de Belén, es uno de los tres centros educativos de Iquitos que aceptaron participar de esta suma de voluntades. En un aula de tercero de primaria se pueden ver las señales del progreso. En la pizarra se indica el tema del día: "Comprensión de lectura: los beneficios de la maca". Más abajo, los ejercicios: "1) ¿De qué trata el texto? 2) Escribe en el cuadro 5 palabras que no entendiste". El día termina con la tarea de dibujar la planta. Aunque la maestra ha llevado bien la clase, un monitor se reúne con ella al final para asesorarla: por momentos ha pasado por alto ciertas recomendaciones del texto.
La herramienta clave de esta experiencia es precisamente la serie de libros "Adelante". A diferencia de los textos escolares tradicionales --e incluso de algunas propuestas recientes impulsadas desde el Estado--, sus textos están diseñados de acuerdo con una detallada metodología que ya no se enfoca solo en los contenidos, sino en una secuencia de habilidades y estrategias que el alumno debe alcanzar de manera progresiva: reconocer palabras, buscar información, interpretarla, emitir opiniones.
Ya es un avance interesante, pero va más allá. Cada texto propone ejemplos característicos de la región donde es utilizado. De modo que los niños de Iquitos, por ejemplo, encuentran allí la historia de la tortuga charapita o el mono leoncito, y leen del juane y la ensalada de chonta con cocona. "Los profesores participaron en el proceso de elaboración", explica Natalia González, otra investigadora del proyecto. Quiere decir que el texto inicial --elaborado por antropólogos, pedagogos y otros especialistas-- fue sometido al criterio de los maestros locales, quienes más saben de las necesidades educativas de sus niños. El resultado no solo es útil, sino cercano.
Los nombres de todos los maestros participantes aparecen reconocidos en las primeras páginas. Del Ruy Guzmán hay 36. Y también figuran 18 maestros del colegio Silfo Alván, más 60 de La Inmaculada, estos últimos de Maynas. La lista continúa con profesores de Lima, Ayacucho, Arequipa y Piura, las otras cuatro regiones donde la Fundación BBVA Banco Continental replica la experiencia.
"Esta iniciativa está dentro del marco del Proyecto Nacional de Educación", precisa González. Las metas y lineamientos siguen las pautas del ministerio, aunque a partir de una lógica distinta. Su éxito replicará sin costo: la idea de la fundación es ceder los derechos de los libros a las regiones, para que sean aprovechados por todos sus escolares. Ningún regalo más preciado que el conocimiento. Ninguna inversión es más segura.
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