SINGULAR SUBASTA. Podría pasar a los anales de la historia del arte
LONDRES [AGENCIAS]. En el circuito artístico solo se habla de márketing tras la gran subasta en Sotheby's de un lote de 223 obras de Damien Hirst, un artista británico que ha dado una vuelta de tuerca en el mercado al lanzarse a vender su trabajo al mejor postor sin un galerista.
Así, ha generado una modificación en el canal de venta del circuito, ya que es la primera vez en la historia que un artista consagrado decide saltarse una de las normas sagradas: ha vendido sus creaciones sin intermediarios (las galerías trabajan con un beneficio promedio de 50%) y, además, ha logrado que una histórica casa de subastas apueste por ello. Esto ha provocado, desde el punto de vista de los galeristas, un problema ético, como explicó la brasileña Luisa Strina, quien resaltó el gran esfuerzo que realizan las galerías al apostar por el talento de artistas que inicialmente son desconocidos en el circuito.
Ante ello, otros tratan de mantenerse abiertos. La colombiana Mónica Manzutto, directora de la galería mexicana Kurimanzutto, expresó su confianza en que la galería de Hirst (la Gagosian) también ha salido ganando con este hecho, ya que es "un prestigio que un artista tuyo se revalorice así".
Por otro lado, esta apuesta mercantil ha marcado uno de los nuevos y diversos caminos que el circuito del arte está tomando, debido a que "la comunicación y la manera de jugar están cambiando", según Manzutto. De ahí se explicaría que la venta de obras de uno de los artistas más valorados y punteros haya acaparado, durante dos días de subasta en la capital londinense, la atención de un grupo selecto de ricos emergentes.
Esta cita social está respaldada por una especie de consenso, según el profesor José Patricio Merino, de la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid, quien considera que Hirst (1965) va a ser uno de los artistas que va a pasar a los anales de la historia del arte.
Por lo tanto, ese "reconocimiento crea demanda" --según Merino--, y no tener un Hirst equivaldría a estar fuera del circuito o del 'establishment' y a perder dinero, ya que a su muerte habría muchas posibilidades de que su obra se revalorice, sobre todo sus esculturas e instalaciones, incluso sus animales conservados en formol sobre los que se ha hablado mucho.
Más que un fenómeno artístico o cultural, esta venta de 223 piezas producidas en los dos últimos años por un artista en vida es un acto social que se ha convertido --según la galerista Juana de Aizpuru-- en otra opción para el mercado.
¿Qué ha ganado el mercado del arte contemporáneo con esta polémica? Pues que, en esta época de crisis financiera y de gran inestabilidad en las bolsas de valores, se confirme que el arte es un valor de refugio, que se abran nuevas vías de venta, y que ricos y artistas exhiban de forma brutal su poder.