EDITORIAL
Al cumplirse siete días de la huelga médica del Ministerio de Salud, y con la intermediación de monseñor Luis Bambarén, se ha instalado anoche una mesa de diálogo, lo que es un paso importante para acercar posiciones y buscar alternativas de solución.
La tregua de 72 horas es relativa, pues solo alude a dejar de lado medidas radicales como el abandono de hospitales. Pero, ciertamente, es un alivio para los millones de pacientes que son tan crudamente afectados en su derecho fundamental a la salud, la integridad y hasta la vida.
Se ha abierto, pues, una ventana de acercamiento, pero sigue siendo urgente e imperativo que las partes dejen de lado sus posiciones radicales para entrar en un diálogo franco, realista y productivo, que permita terminar la huelga.
El reto es, por tanto, negociar sin presiones ni chantajes, sobre todo ahora que el ministro de Salud, Hernán Garrido Lecca, ha dado un paso al costado para que la negociación sea manejada directamente por el jefe del Gabinete, Jorge del Castillo, y el titular del MEF, Luis Valdivieso.
La dirigencia del gremio médico, que a veces parece responder, de modo intolerante, a motivaciones ideológicas o politiqueras, debe entender que, como todos los peruanos, los galenos tienen que acatar la ley y entender las limitaciones presupuestales del fisco.
El Gobierno, a su turno, debe hacer todos los esfuerzos para atender reclamos coherentes en la medida de lo posible. Ciertamente, la jornada laboral de seis horas es un punto delicado, pues implica una discriminación con el resto de trabajadores que tienen que cumplir una jornada laboral de ocho horas.
Lo que también debe mejorar el Gobierno son los canales de comunicación con los profesionales de la salud, para que entiendan la trascendencia de su labor, pero también el marco general que rige a los empleados del Estado, en el que debe primar la eficiencia y la meritocracia.
Como señalamos previamente, de lo que se trata ahora es de restaurar el orden y la eficiencia en el sector, para atender a millones de pacientes, que finalmente son los paganos y deben esperar largos días o meses para que se los atienda, lo que es atentatorio del derecho básico a la salud.