APUNTES SOBRE LA CRISIS
Por FernandoVivas. Periodista
El regreso de la corrupción a las primeras planas políticas no debiera sorprendernos, pues sabemos que, como la hierba mala, crece en los enmarañados traspatios del Gobierno. Pero tiene que indignarnos muchísimo. Hay que mirar todo fríamente y con lupa, pero movidos por el motorcito de la indignación. Algunas ideas.
-- Es la misma: que los protagonistas tengan 79 años (Ernesto Arias), 71 (Alberto Quimper) y 62 (Rómulo León) nos dice que el entramado del mal, las motivaciones personales, las relaciones clientelistas y las rendijas estructurales que permiten la corrupción son viejas para ellos y gozan, ayayay, de buena salud. Hemos aprendido a detectar y perseguir a los corruptos --¡sobre todo a chuponearlos!-- pero no a tumbar sus cimientos.
-- Pero no es igual: la corrupción, al ser más fácil de detectar, es más volátil y explosiva. El propio corrupto se graba y se delata por descuido ante los mil ojos y oídos del sistema hipermediatizado. Es una metafísica de la corrupción, pues esta, al afirmarse y reclamar sus prerrogativas ante la política, se pone inevitablemente al sol y se quema.
-- Tarea civil: se volvió a demostrar que las iniciativas eficaces contra la corrupción no pueden provenir del Estado. El sistema anticorrupción sí ha funcionado porque fue producto del clima plural y cívico de la transición, pero los contralores designados por los gobiernos --como Genaro Matute, nombrado por Alejandro Toledo y en buenas migas con este régimen-- se dedican a menudencias. La ONA de poco o nada sirvió. Sé que esta empezó a investigar el tema petrolero justo cuando su relegación por el Gobierno y la renuncia de la tímida Carolina Lizárraga sellaron su final. Tenemos que construir desde la base una iniciativa anticorrupción que no se agote en fiscalizar gastos operativos de otorongos (está bien que los hayan pasado al sueldo ahorrándonos así una fuente de corruptelas), sino en analizar la probidad de su conducta política.
-- Detrás y delante: ya circulan teorías del complot sobre lobbies económicos o conjuras políticas que pueden estar detrás. No suscribo ninguna, pero sí creo en conjunciones de intereses de terceros que, en ningún caso, deben frenar a la prensa en su tarea de develar la verdad. ¿Qué hay por delante? No lo sé. El Gobierno podría llegar a ser jaqueado por sus propias faltas. Pues habrá que reclamarle que se recomponga y convoque a las reservas morales dentro y fuera del Apra, y habrá que evitar cualquier oportunismo autoritario.