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EL PERÚ EN LA COLA DEL PROCESO

La acreditación no es ninguna novedad en América Latina

El proceso de acreditación de la educación superior de los países de América del Sur comenzó desde los años noventa en Chile.

Mediante la creación del Consejo Superior de Educación (CNE), en 1990, se dio inicio a un sistema formal de acreditación para universidades e institutos profesionales no autónomos de naturaleza privada.

Actualmente, en Chile, son dos los organismos encargados de este proceso. Por un lado tenemos el CNE, que se encarga de velar porque las casas de estudios superiores que empiecen a funcionar cumplan con los niveles básicos de calidad.

Y una vez que empiezan a funcionar deben iniciar el proceso de acreditación de sus carreras profesionales y técnicas, supervisadas por la Comisión Nacional de Acreditación de Pregrado (CNAP).

Colombia es el segundo país en empezar, en 1992, a asegurar la calidad de su educación superior. Y aunque comenzaron acreditando programas académicos, hoy el sistema ha avanzado y se ha extendido a las instituciones en su conjunto.

Y aunque no es ningún proceso obligatorio, según el Consejo Nacional de Acreditación de Colombia, en dicho país hay 15 universidades y 753 programas acreditados. Los programas que más se acreditan son los de Ingeniería, Arquitectura, Urbanismo y afines, seguidas de los de Ciencias de la Salud.

Es interesante ver otros casos como los de México, Chile y Argentina, donde el control de calidad es también para las acreditadoras locales de cada país. Así lo señala un informe de la Unesco sobre acreditación en América Latina, que explica: "En dichos países la autorización por un organismo o una agencia oficial externa es un requisito esencial para que las agencias puedan operar". Es decir, acreditar a la agencia acreditadora a fin de asegurar un proceso transparente y confiable.

Otros países que también van a la cabeza en este proceso de mejoramiento de la calidad de la educación superior son Argentina, Uruguay y Ecuador. Mención aparte merece Costa Rica, uno de los países con el mejor sistema de acreditación en el mundo.

Nuestro país, en cambio, está en la cola en esta materia y espera ponerse pronto a la altura del resto de las naciones de América del Sur, cuya experiencia --como se lee-- es tan grande como útil.

EN PUNTOS
¿Qué países llevan la delantera en AL?
4 En Chile, 48 de las más de sesenta universidades que existen han acreditado por lo menos una de las carreras que ofrecen. El resto de universidades se encuentra en ese proceso.
4 Según el Consejo Nacional de Acreditación de Colombia, las universidades públicas son las que más programas tienen acreditados (390), mientras que las privadas tiene solo 363 programas.
4 En Ecuador, de las 71 universidades públicas y privadas existentes, solo cinco están acreditadas. Empezaron a acreditar desde el 2006 las instituciones superiores.

SIC.
Una nociva sobrevaloración*
Existen tantas universidades como chifas. Y dan títulos universitarios con la facilidad y la velocidad con la que estos restaurantes reparten sus platos. Pareciera que --echando mano de un planteamiento del sociólogo francés Pierre Bourdieu-- la idea de ser profesional tuviera una suerte de efecto de club. Un club que promete un mejor nivel de vida, del que todos quieren ser parte y cuyo carnet de ingreso es el título profesional.

Sucede que, con tanto subempleo y desempleo, no debe sorprender que las universidades 'al paso' resulten rentables, considerando que la mera posesión de un título --supuestamente-- es garantía de un mejor trabajo.

Y allí está una de las aristas principales del problema. Que existan universidades de tan bajo nivel no tiene que ver únicamente con una deformación de la institución universitaria.

En un contexto en el que aún se ve por encima de los hombros la formación técnica y se enfatiza tanto el haber pasado por una universidad, se pierde de vista que, con tal de tener ese membrete, cualquiera pone sus carpetitas, un 'jingle' en TV, algunos mal pagados profesores y, listo, ya tiene su propia universidad improvisada, un estándar que busca desterrar la acreditación.

Digamos, de la mano con la necesidad económica (reflejada en ansia cortoplacista) de la mayoría de jóvenes, que buscan algo con qué encontrar trabajo, existe una nociva sobrevaloración del título, como garantía de empleo fijo. Si no, consideremos cuántos taxistas profesionales hay.
* Alberto Pacheco. Redactor

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