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NO SABÍA QUE LLEGABA A UN EQUIPO EN CRISIS

Italiano de corazón rosado

Cuando el italiano Gianneo llegó al país, Boys no practicaba por falta de pago. Así que se entrenó en un parque. Nada importa si el fútbol es el camino a seguir.

Por Mauricio Gil Ballón

Habitación 303. Hotel Amara. La Perla, Callao. Vincenzo Gianneo llega tras un día de entrenamiento. O quizá de ir al cine en Plaza San Miguel. O de navegar en una cabina pública. Es entonces que recuerda a su familia, sobre todo a su madre. Ella se vuelve una emoción apretando por dentro, como dicta la canción "Desaparecidos". Su madre, una imagen latente en su memoria. A veces, las noches se cierran cuando se está solo, lejos de casa, en un país extraño. Y es ahí, en su habitación, que Gianneo siente que le falta algo.

"Lo más difícil es la soledad. Estoy confrontando a la vida". El jugador de 23 años busca el equilibrio de su presente. Una ruta que no detenga el impulso que lo trajo de Italia al Perú, de Trieste al Callao, del Siracusa al Sport Boys. Una enamorada podría ser el camino para no ir en falsas direcciones. "Tener un sentimiento serio con una chica es muy importante para un futbolista".

Pero en esa senda, su mundo siempre tendrá forma de pelota. "Yo soy romántico por el fútbol", remata el italiano. Su madre, que es napolitana, lo llevó de la mano para que juegue con los pies. Así, mientras Maradona lograba su segundo scudetto con el Nápoles en 1990, un Gianneo de cinco años daba sus primeras patadas con otros niños. El fútbol aún era un juego, no una pasión.

El paroxismo futbolero controla a Gianneo. Por eso se quedó en el Sport Boys. Solo quedan tres fechas para que el equipo deje de existir en Primera. Una vez más, como ya lo hizo en 1987. Mas él se queda. Se volvió hincha del club. Y estará hasta el final, porque está agradecido.

El color rosa es la confirmación de uno de sus sueños: jugar en el extranjero. Además, el equipo le abrió las puertas de la Primera División. En Italia, a pesar de que fue profesional a los 16 años, solo jugó en tercera y cuarta. El Sport Boys le permite estar en escena. A pesar de ser un barco náufrago.

En sus primeros días en el puerto, sintió perder el camino. Llegó en medio de la crisis. El equipo no entrenaba. Dos empresarios innombrables para él no le pagaban. Pero enderezó la ruta. Encontró "todo lo bueno de un equipo que se fue a la baja". Más allá del dinero, empezó a jugar. La familia de Víctor Rossel lo adoptó. Halló en Flavio Maestri a un amigo.

"Aún tengo mucho camino por recorrer". La habitación 303 fue de Norberto Araujo cuando jugó en el Boys. Y fue campeón de la Libertadores con LDUQ. Gianneo lo toma como ejemplo para no rendirse.

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