Eduardo Gutuzzo. Ha hecho una brillante carrera de investigador en enfermedades tropicales. Es médico de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y los expertos del mundo en su disciplina vienen a Lima solo para aprender de él.
Pudo terminar sus estudios universitarios gracias a que la universidad lo exoneró por un año del pago de pensiones, y le consiguió un puesto en la farmacia y el archivo del hospital. Realizó su tesis sobre brucelosis y tempranamente con el doctor Sixto Recavarren ganó el premio de Laboratorios Russell, un galardón muy reconocido en su especialidad.
Cuando terminó la carrera, muchos médicos partían al extranjero -le decíamos los foreign boys, cuenta- y a pesar de que aprobaba los exámenes para estudiar afuera, él se quedó por decisión propia. Empezó a investigar en hipertensión, nefrología y luego en enfermedades infecciosas y tropicales, donde hoy es una autoridad mundial.
¿Cómo empezaron con el estudio del Sida?
Desde el 82, con Raúl Patrucco, Miguel Campos y Jorge Guerra hicimos un grupo de trabajo sobre el sida. Al año siguiente aparece el primer caso. Con Raúl Patrucco, quien trabajaba en inmunología, hicimos una alianza estratégica, hasta que él muere en 1987. Conseguimos apoyo de muchos sitios. El sida era todo un reto para la investigación. No había tratamiento, no había prevención y había mucha marginalidad porque la mayoría de afectados eran trabajadores sexuales y homosexuales.
Ustedes tenían un banco de sangre.
Ahí empezamos a trabajar el tema de los bancos de sangre. Pedimos al gobierno que se hiciera pruebas ELISA para todos los bancos de sangre. Hasta hoy el sida sigue siendo un tema de necesidad, es un tema dramático y yo sigo haciendo consultas, hago visitas a los afectados.
¿Qué otro tema estás investigando?
Un virus similar al Sida, que parece estar hace más de cuatrocientos años entre nosotros, produce leucemia y linfoma y además inmunodeficiencia. No es un virus peruano, viene de África y de Japón, pero aquí ha encontrado un campo. Es una epidemia escondida con un enorme impacto médico. Gracias a nuestras investigaciones el Perú es el segundo país que hace despistaje en el mundo.
¿Cuéntame lo de la Escuela Gorgas?
Es el segundo gran suceso de mi vida profesional. La Escuela Gorgas la organizamos con la Universidad de Alabama. Se le conoce como el mejor curso en enfermedades tropicales, vienen médicos expertos del mundo desarrollado a entrenarse en Lima. Nos hemos hecho famosos. Vienen de los sitios más renombrados de Estados Unidos, Suiza, Suecia, etc. Hemos cumplido 10 años y hemos entrenado a unos 380 médicos de 55 países del mundo.
Además de investigador, eres un líder gestor.
Mira, todo comenzó el año 1991, cuando organicé el Congreso Panamericano de Enfermedades Infecciosas, justo cuando apareció el cólera en el Perú. Vinieron unos cuarenta profesores de Estados Unidos y Europa y unos cien profesores de América Latina. Los amigos me dijeron que estábamos generando un liderazgo y nos ganamos el respeto de los colegas. Fui dos veces presidente de la Asociación Panamericana de Infectología y el año 1993 me invitan a ser miembro del Comité Ejecutivo de la Sociedad Mundial de Enfermedades Infecciosas y en 1998 me eligen presidente en el periodo 1998 - 2000. Como presidente, organicé el Congreso Mundial en Buenos Aires.
Eso te facilitó tus gestiones con instituciones internacionales.
Efectivamente, hemos obtenido unos 400 mil dólares de la Organización Mundial de la Salud para un programa de tuberculosis en Lima Norte. También Bélgica ha otorgado 40 mil dólares en equipos al Hospital del Rímac. Aquí trabajemos unas quince personas, pero otras cuarenta son pagadas por proyectos. Ellos ven la investigación como una opción de vida. Ahora tenemos cuatro años trabajando en Yurimaguas sobre la resistencia bacteriana y el uso de antibióticos.
Tú te has formado enteramente en el Perú.
Cierto. Por eso me acuerdo que mi primera conferencia en Estados Unidos la di en Castellano y Claudio Lanatta -que era residente- la tradujo. Yo leía Inglés, pero nunca lo había hablado. Fue patético, menos mal que un colega alemán, originario de la India, me animó diciéndome que nadie en el auditorio sabía tanto como yo del tema de la conferencia. Antes que mí, habló un japonés y yo no podía hablar peor que él. De modo que sentí confianza y salió muy bien.
¿Cómo defines tu generación?
Soy de la generación de los sesenta. Soñábamos con un mundo más justo. Cuando era estudiante, con Estrella Picasso de Guerra, fundamos una posta en el kilómetro 21, más allá de Comas. Ella era una mujer de izquierda que había estudiado en la Universidad Lovaina. Yo era un soñador, que quería hacer cosas.
Modesto Montoya