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Un día con la ministra Mercedes Aráoz

"Me encanta promover cosas"

Por Renato Cisneros

Lima ha amanecido con temperatura baja, pero la ministra no. Tiene un poco de fiebre, algo de resfrío y, por eso, mientras sale de su departamento en Magdalena, se queja entre dientes del pálido clima de la ciudad.

A pesar de los malestares, la ministra permite amablemente que invadamos la intimidad de la camioneta que la llevará a Palacio de Gobierno, donde la espera una sesión del Gabinete. Yo comparto con ella el asiento trasero, el fotógrafo hace las veces de copiloto y un video--reportero filma la conversación desde la maletera encapotada del auto.

Durante los casi 30 minutos que dura el viaje, la ministra sortea con humildad mis preguntas sobre su altísimo arrastre popular (en las encuestas nacionales de El Comercio elaboradas por Apoyo obtuvo 58% de respaldo en agosto y 45% en octubre). Ella, claro, dice que los méritos los comparte con la gente que trabaja diariamente a su lado en el ministerio.

"Hay un equipo bien fuerte, y si estamos en una posición favorable es porque la gente nota nuestro trabajo. Por otro lado, manejo temas que a la gente le gustan. La gente cree en el futuro, ya está harta de verse en crisis, con la sensación de que todo está mal. La gente quiere ser empresaria y tener éxito, seguridad y tranquilidad. Y gracias a los tratados comerciales estamos en la ruta de ser exitosos".

Aráoz recuerda y reconoce algunos deslices que cometió al inicio de su gestión (declaraciones excesivas, pleitos mediáticos) y dice que ha aprendido a ser ministra; que ha logrado superar el absurdo prejuicio masculino que existe con las mujeres de cara bonita; y que tanto Alan García como Jorge Del Castillo le han dado 'tips' para desenvolverse en el mundillo de las pugnas.

"A las mujeres nos quieren bajar. Y al principio yo sentí mucho prejuicio. Además, no soy una política, pero ahora sé manejarme", asegura, con esa risueña seriedad con que matiza la mayoría de sus respuestas.

Luego hablamos de temas más reconfortantes: el crecimiento del turismo, la campaña que llevó a Machu Picchu a convertirse en Maravilla del Mundo y el TLC con Estados Unidos.

Sobre el último tema, le pregunto si es cierto, como rumorea un sector de analistas y periodistas, que los verdaderos artífices de la casi concreción del tratado son Hernando de Soto, David Lemor y el embajador Felipe Ortiz de Zevallos. Ella no se incomoda; es más, reconoce la labor de cada uno de ellos, sin negarles un gramo de protagonismo, pero evidentemente tiene una versión distinta del asunto.

"Yo no quiero figuración. Solo puedo decirte que he sido parte de este equipo y he coordinado el trabajo. David Lemor ha estado más tiempo en Washington, pero nuestros 'Blackberry' están conectados todo el día. Estas cosas no se logran con una sola persona, sino con todo un cuadro de negociadores. Hay muchos que no aparecen y han sido igualmente importantes".

(Más tarde, --en una reunión privada en la oficina del viceministro de Comercio Exterior, donde se festejó de manera informal la unánime aprobación del TLC por parte del Comité del Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.--, me daría cuenta de que entre los funcionarios del ministerio sí existe el total convencimiento de que ha sido Aráoz quien ha piloteado esta negociación).

Cuando la camioneta llega al Centro de Lima, le pregunto a la ministra cuánto de su vida ha cambiado con las responsabilidades políticas que ahora tiene. Ella dice que su esencia es la misma. Que sus amigos son los mismos. Que está más expuesta a todo, pero que igual trata de no descuidar su lado personal y familiar. Hablamos de su hija Daniela, de 15 años ("ella sí me reclama tiempo, pero somos muy amigas, y como yo estoy divorciada y su papá no vive aquí, hacemos muchas cosas juntas"); hablamos de su hermana mayor y de su mamá ("mi mami es linda, reza todos los días para que me vaya bien"), y hablamos, por supuesto, de su estado sentimental, tema en el que ella hace gala de una coqueta maestría para no decir absolutamente nada. Le pregunto, a boca de jarro, si está con alguien, pero ella hace los amagues correspondientes y apenas devuelve respuestas del tipo "no sé", "ya se verá". Insistiendo más de la cuenta, le pregunto si sueña con casarse otra vez. "¿Por qué no? Uno siempre quiere tener compañía y alguien con quien compartir", dice, con escaso ánimo revelador.

Luego me quedaría claro que la ministra sí está súper enamorada, pero de su trabajo. Dice que le encanta, que le apasiona, que no le importa acostarse tarde, que le entusiasma la idea de ser parte de un engranaje que trata de sacar al Perú adelante.

Lo llamativo de esa confesión es que no es un alarde retórico. La ministra, efectivamente, no para nunca. De la camioneta, saltó a la sesión del Gabinete, luego se escapó unos minutos para juntarse en la Plaza de Armas con un grupo de empresarios cafetaleros y tomarse un café con ellos; después volvió a Palacio, almorzó allí; más tarde se dirigió a su despacho (dejándonos viajar nuevamente con ella) para celebrar la aprobación del TLC con sus asesores, y luego tuvo tres reuniones seguidas (una con su homólogo del Uruguay, otra con el alcalde de Urubamba y otra con representantes de una entidad internacional). Y por la noche, en lugar de irse, no sé, a una peña a festejar el Día de la Canción Criolla, asistió a un programa de televisión. ¡Y todo eso con fiebre! Al final del día, luego de seguirla para todos lados, si a alguien le dolía la cabeza de cansancio ya no era a ella, sino a mí.

"Mi foco no está en ser la más popular, sino en hacer que el Perú se inserte en la economía global. Hay momentos en que uno es más popular y otros en que no...", dice, y deja de hablar interrumpida por el cantante hawaiano Jack Johnson, cuya voz, con la letra de 'Better Together', sirve de inesperado timbre en el celular de la ministra.

A Mercedes Aráoz no le gusta husmear mucho en el futuro. Dice que aún no se ha planteado nada, pero intuye que tendrá un puesto mixto, entre técnico y político. Cuando le hablo de la posibilidad de candidatear a la presidencia, me hace el pare.

"No es el momento de hablar de eso. Además, políticamente, todavía estoy en pañales". Le pido que lo descarte de plano, pero no se anima. "Siempre uno quiere cambiar el país, pero en este momento solo me interesa que el Perú siga creciendo. Si me pongo a pensar en el 2011, pierdo la brújula", dice, sonriendo.

Lo único que hace que la ministra pierda la risa es 'Big Meche', el alter ego caricaturesco que el diario Perú 21 ha creado para parodiarla. Para ella es un retrato burlesco y machista. "Quien lo hace no me conoce y no sabe de dónde vengo. Yo no vengo de la pituquería limeña, sino de la clase media, estudié en un colegio que ya no existe, y he vivido toda mi vida entre Jesús María, Pueblo Libre y Magdalena. Si he surgido ha sido por mi esfuerzo. Soy una chica de barrio".

Su enojo, felizmente, es efímero. Ella recupera pronto el buen humor y se pone a hablar de todo: de su tendencia a engordar; de la necesidad de volver al gimnasio; de lo mucho que le gusta cantar (su vals preferido es "Yo perdí el corazón"); de lo divertida que le parece la serie 'Friends'; de lo aburrido de salir de 'shopping' (igual de aburrido que asistir a los cocteles donde se cruza con tipos inoportunos); de cuando habló con Pink Floyd; de cuando vio a Paul McCartney; de la entrada al concierto de Soda Stereo que todavía no ha podido comprar; y del avión que justamente hoy debe estar llevándola a Washington, y en el que tal vez --con algo de suerte (para mí)-- ella alcance a leer esta crónica, sin quedarse dormida.

MÁS EN LA WEB
Encuentre el video de la conversación con la ministra Mercedes Aráoz, y las fotos del seguimiento en el portal web:
4www.elcomercio.com.pe

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