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Marisabel Rodríguez, ex cónyuge de Hugo Chávez, aspira a ser alcaldesa de Barquisimeto y no descarta llegar a la presidencia. Ella dice que el poder cambió al actual mandatario venezolano

"La maldad nos está gobernando"

Crónica DE ESPOSA A OPOSITORA

Por Susan Abad. Enviada especial

BARQUISIMETO. La escena es desconcertante. La imagen de la Virgen de la Milagrosa derrama lágrimas por el ojo izquierdo, mientras en los escalones que conducen a su urna, Marisabel Rodríguez llora desconsoladamente con un lamento que parece salirle desde lo más profundo de su alma.

El hecho, calificado de milagroso por los presentes, entre los que se encuentra Rosinés, la hija menor de Hugo Chávez, tiene devastada a la que por ocho años fuera la esposa del presidente de Venezuela y que hoy, desde el bando opositor, busca alcanzar, el próximo 23 de noviembre, la alcaldía de Barquisimeto, su ciudad natal.

Deben pasar más de cuarenta minutos para que se calme y converse con El Comercio, que ha llegado hasta su pequeña finca La Esperanza, en estas calurosas tierras ubicadas a 270 kilómetros de Caracas, donde se refugia y prepara su campaña.

Tomando el apodo de 'guaros', que les ponen a los nacidos en Barquisimeto, y queriendo demostrar que tiene fuerza para gobernar, su eslogan es "Una guara con guaramo" y con él quiere llegar a lo que dice es el primer peldaño en una escalera que quizá --si Dios así lo determina, acota-- la llevará a la presidencia de su país.

Para ello se cree capacitada y con cierta experiencia. "Mi primer cargo por elección fue en 1999 a la Asamblea Nacional Constituyente, que se sancionó en el 2000", nos cuenta.

Se refiere a las épocas doradas. A los años que siguieron al enamoramiento con el entonces coronel romántico y detallista Hugo Chávez Frías, diez años mayor que ella, que la convenció para casarse con él a punta de serenatas. Ella era una joven periodista divorciada que tenía un hijo de cinco años al que el enamorado militar, que también tenía un fracasado matrimonio y tres hijos, aprendió a querer.

Llegó con él a la Casona, como se llama a la residencia presidencial, y desde su cargo de primera dama impulsó --asegura--, entre otras, la ley orgánica de protección al niño y al adolescente, que entró en vigencia en el 2000.

SE LA JUGÓ POR EL NO
"Pero el poder lo cambió", dice refiriéndose al actual mandatario, y ella se fue decepcionando mientras sufría "los mayores vejámenes, no físicos, pero sí de palabra, que son peores".

"Cuando ocurrió el paro petrolero en el 2001, y luego el golpe de Estado en el 2002, pensé que se iban a tomar unas medidas importantes de rectificación", recuerda. "Aún tenía esperanzas. Cuando ocurre el golpe, yo pienso que el Gobierno va a tomar medidas para rectificar y reflexionar, ¿por qué llegó el país a comportarse como se comportó? Fue muchísima gente la que se sublevó frente a esas medidas arbitrarias que él (Chávez) tomó en ese momento. Me molestó, además, la forma en la que se tomaban, de manera violenta, humillando a la gente".

El desengaño y el deseo de salvar a sus hijos del ambiente negativo que había en el entorno la obligaron a abandonar la Casona y salir fuera del país. Vivió en Panamá y México y, al volver a Barquisimeto, pidió el divorcio, mientras que con la Fundación del Niño construía una escuela y un hogar para ancianos.

Desde entonces ha sido, según dice, perseguida por el presidente. La situación empeoró en vísperas del referéndum para reformar la Constitución que propuso Chávez y que este perdió el pasado 2 de diciembre. La ex primera dama llamó a los electores a dar un rotundo no a las aspiraciones de Chávez. Tres días después de su derrota, el mandatario hizo una alusión a su ex esposa y anunció que iba a recurrir al derecho porque no lo dejaban ver a su hija.

"Las ideas con las que llegó Chávez son válidas. Lamentablemente, es como si hubiéramos puesto una pieza de tela, tijeras e hilo. Un buen sastre hubiera hecho con eso un buen traje, pero no tuvimos un buen sastre y lo que hizo (Chávez) fue una parodia de traje, lo que hizo fue un disfraz".

ENFRENTADA CON CHÁVEZ
Hoy, dice, desilusionada por la ineficiencia, la demagogia, el populismo, la excesiva concentración de poder que se manifiesta en los órganos de poder público, donde no hay independencia, donde hay una subordinación total de estos poderes al órgano ejecutivo nacional, unida a los partidos opositores, enfrenta a su poderoso ex marido.

"Yo estoy enfrentando su manera de gobernar, su manera de conducir el país, pero no estoy sola; represento a miles de mujeres que son madre y padre a la vez, miles de mujeres que están solas echando 'pa' lante'. De la misma manera como defiendo los derechos de mi hija y de mi hijo mayor con su padre, defiendo los derechos de mi Venezuela. De igual manera defiendo la Constitución que yo parí. Lo primero que soy antes que nada es mujer, soy ciudadana y tengo derecho. Lo segundo que soy es madre y de la misma manera defiendo mi patria, la soberanía y creo que muchas mujeres se identifican conmigo, decepcionadas y cansadas de creer en promesas".

"¡La Virgen ha dejado de llorar!", gritan desde la urna y sus hijos Rosinés y Raúl, con la abuela, una pareja de amigos y los empleados, corren a observar lo que consideran un nuevo milagro.

"La Milagrosa llora por Venezuela. Porque sabe que la maldad nos está gobernando", nos dice Marisabel mientras empieza a rezar el rosario.

SEPA MÁS
El matrimonio que acabó
4 Marisabel Rodríguez y Hugo Chávez se casaron en 1997.
4 Chávez estuvo casado con Nancy Colmenares, con la que tuvo tres hijos: Rosa Virginia, María Gabriela y Hugo Rafael. Por su parte Marisabel tenía un hijo de cinco años: Juan.
4 De la unión de Chávez con Rodríguez nació Rosainés que el 23 de setiembre cumplirá once años.

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