14:21 | Los iraquíes parecían poco preocupados por la fecha. Los diarios también pasaron por alto el aniversario
Bagdad (DPA).- En el primer aniversario de la ejecución del ex presidente Saddam Hussein muchos iraquíes lanzan la vista atrás a su mandato mientras el reino del terror ha dejado el país esclavo de naciones extranjeras.
La desafiante ejecución en la horca generó una mezcla de reacciones tanto dentro como fuera del país: hubo tanta euforia entre sus adversarios como furia entre sus admiradores.
Fue objeto de burlas por parte de los ejecutores, chiitas, minutos antes de ser colgado, una escena que tras ser grabada en un teléfono móvil dio la vuelta al mundo, dando lugar a celebraciones entre millones de personas en Iraq y en países vecinos como Irán y Kuwait, naciones con las que Saddam fue a la guerra.
El hecho de que la ejecución tuviera lugar el primer día de la fiesta musulmana del Sacrificio la hizo inolvidable e imperdonable para muchos musulmanes, que consideran sagrada la celebración.
El aniversario de su ejecución, sin embargo, no parece evocar la misma intensidad de sentimientos. Los iraquíes parecían hoy poco preocupados por el aniversario. En Bagdad la actividad comercial prosiguió como de costumbre a pesar de que las fuerzas de seguridad fueron alertadas como medida preventiva.
Los diarios iraquíes también pasaron por alto la fecha. "Saddam ha entrado en la historia igual que otros líderes iraquíes que gobernaron el país desde los años 20 (del siglo pasado)", afirmó Fuda Jalid, de 42 años y propietario de un Internet-café.
"Tal vez tuvo mucha fuerza e hizo de nosotros un país fuerte, pero muchas de sus aventuras nos llevaron al actual estado de debilidad e inestabilidad y nos hizo una presa fácil de los países vecinos a pesar de que estamos bajo la ocupación estadounidense", agregó Jalid.
Otros iraquíes tienen una visión menos objetiva de Saddam, ya que no pueden olvidar su gobierno, que se prolongó durante más de dos décadas y estuvo marcado por dos guerras devastadoras contra Irán y Kuwait, así como contra sus aliados árabes y estadounidenses, que costaron más de un millón de vidas.
"Saddam Hussein llevó a Iraq a perder su fuerza haciéndolo presa fácil en manos de las fuerzas de ocupación y de las naciones vecinas", afirma el jubilado de 64 años Wail Abdel Ahad. "No podemos olvidar fácilmente la era de Saddam porque no fue como cualquier otra era desde la creación del Estado de Iraq en 1921. Estuvo repleta de acontecimientos grandes y serios en el escenario nacional e internacional", añadió.
Los kurdos iraquíes fueron las principales víctimas del reino del terror de Saddam. La campaña genocida que emprendió en su contra y que culminó con el lanzamiento de gas en las poblaciones kurdas de Halabya in 1988, ha dejado una profunda y arraigada amargura en su persecución de la autonomía, en el norte del país.
"Saddam, el dictador, debería haber sido ejecutado 1.000 veces por sus crímenes contra kurdos e iraquíes. Pero yo me oponía a su ejecución en el primer día de la fiesta del sacrificio porque va en contra la ley islámica, la sharia", dijo el ingeniero kurdo, de 40 años, Dilshad Muhammad Amin.
Sin dejarse intimidar por la policía que buscaba acabar con todo rastro del régimen de Saddam, los hombres que siguen siendo fieles al ex presidente, así como miembros de su clan acudieron hoy a su tumba para rendirle tributo en la ciudad noriraquí de Tikrit.