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McCain, o el arte de no darse por vencido

0:03 | Hace cinco meses, la campaña del senador republicano por Arizona iba tan mal que tuvo que reorganizarse

Washington (EFE).- John McCain, un político experimentado y temperamental, famoso por defender sus ideales contra viento y marea y condecorado héroe de Vietnam, acaba de demostrar hoy que, para ganar, lo importante es no darse por vencido.

Hace tan solo cinco meses, la campaña del senador republicano por Arizona, reincidente en aspirar a la Casa Blanca -ya lo intentó contra George W. Bush en el 2000- iba tan mal que tuvo que reorganizarse y reducir personal para poder mantenerse a flote.

Hoy, los resultados preliminares del supermartes del 2008, lo catapultaron como virtual candidato republicano a la Casa Blanca.

Y es que, para McCain, lo importante es no rendirse.

A sus 71 años, el ex-militar que se hizo famoso por ser prisionero de guerra en Vietnam, entró con fuerza en la campaña en Nuevo Hampshire; luego vino Carolina del Sur y Florida y finalmente se reforzó hoy con una serie de victorias, entre ellas Nueva York y California, que lo convierten en el aspirante favorito para convertirse en candidato por el Partido Republicano.

Hijo y nieto de almirantes de la Marina, el senador por Arizona es un luchador nato a quien se conoce por su sentido común y su carácter franco, que lo ha llevado a enfrentarse con su partido en temas como la tortura o la guerra de Irak.

En su biografía destacan los más de cinco años, tres de ellos incomunicado, que pasó en un campo de prisioneros de guerra de Vietnam en donde fue torturado e, incluso, intentó suicidarse.

Fue apresado en octubre de 1967, a los 31 años, después de que su bombardero A-4 Skyhawk fuese derribado sobre Hanoi.

Le rescataron de un lago con los dos brazos rotos y una rodilla destrozada. Los vietnamitas le hubieran dejado morir si no hubieran comprobado que se trataba de un McCain.

El ahora senador ya había estado a punto de perecer unos meses antes cuando un misil alcanzó el portaaviones en el que viajaba y provocó un incendio en el que fallecieron 134 soldados.

Los norvietnamitas trataron de utilizarlo como arma de propaganda al enterarse de que era hijo de un almirante, pero McCain se negó a seguirles el juego. Sus insultos a los guardianes eran habituales, según aseguran los que coincidieron con él en Hoa Lo.

Su negativa a aceptar ser liberado antes que los presos que llevaban más tiempo que él en el campo de detención norvietnamita le valió el respeto y admiración de sus compañeros.

Recuperó la libertad en 1973, cuando regresó a EEUU en muletas y convertido en un héroe.

Le esperaba Carol Shepp, una ex modelo de Filadelfia con la que había contraído matrimonio antes de partir para Vietnam y de la que se divorció en 1980. La pareja tuvo un hijo.

Un mes después de separarse de Shepp se casó de nuevo, esta vez con la hija de un magnate cervecero de Phoenix (Arizona), Cindy Hensley, su actual esposa, con la que tiene cuatro hijos: Meghan, Jack, Jimmy y Bridget, esta última adoptada en Bangladesh.

Los recién casados se asentaron en Arizona, el estado en el que despegó la carrera política de McCain.

En 1982, un año después de dejar su puesto de director de enlace de la Marina con el Senado, obtuvo un escaño a la cámara baja del Congreso como legislador por Arizona. Cuatro años más tarde fue elegido senador.

Años más tarde, en el 2000, McCain se enfrentó a Bush. Pero le fue mal.

El senador confesaría posteriormente que, cuando perdió, lo pasó fatal. "Me comportaba como un bebé: dormía ocho horas, me despertaba y lloraba. Dormía ocho horas, me despertaba y lloraba".

Tras su derrota, regresó al Senado como el republicano de mayor rango del Comité de Servicios Armados.

Durante los últimos años ha sido un firme defensor de la guerra en Iraq, aunque no ha dudado en criticar a la Casa Blanca y al Pentágono por lo que ha calificado como mal manejo del conflicto.

Su disposición a enfrentarse a su partido volvió a quedar patente tras salir a la luz los escándalos de tortura por parte del ejército estadounidense en Iraq y la prisión militar de Guantánamo (Cuba).

Conocedor de los abusos físicos en carne propia, denunció esas prácticas e impulsó una legislación para prohibir el trato inhumano a los sospechosos de terrorismo en custodia estadounidense.

Sus viejas heridas de guerra y las secuelas de la tortura, agravadas ahora por la artritis, hacen que cojee ligeramente.

Además, ha tenido tres episodios de melanoma, la forma más agresiva del cáncer de piel, que le ha dejado marcas en la mejilla izquierda.

"Tengo más cicatrices que Frankenstein", reconoció recientemente. Pero asegura siempre que esas marcas y sus arrugas no implican que sea demasiado viejo para gobernar, sino lo suficientemente sabio para vencer a rivales más jóvenes y menos curtidos como el demócrata Barack Obama.

 

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