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Cadáver de 'burrier' no muestra las lesiones típicas de un suicidio

9:43 | Cuerpo de ciudadano mexicano no tiene la quemadura que deja el disparo realizado a muy corta distancia

Por Iván Herrera Orsi

Un hallazgo del Instituto de Medicina Legal (IML) arroja nuevas sombras sobre la versión policial acerca de la muerte del 'burrier' mexicano Juan Carlos Torres Ibarra en la sede de la Dirección Antidrogas (Dirandro). El jefe del IML, Luis Bromley, reveló que no se han encontrado las marcas de quemadura que dejan los disparos hechos a corta distancia, como los que se hacen cuando se trata de suicidios.

El forense explicó que en los suicidios los disparos son normalmente a bocajarro: con el cañón del arma pegado a la piel o al cuero cabelludo. En esos casos, quedan como evidencia ciertas lesiones o quemaduras en particular. Nada de esto se observó durante la necropsia, lo que hace sospechar que estaríamos frente a un homicidio. De todos modos, no se ha determinado todavía la distancia exacta desde la que posiblemente se produjo el disparo.

Como se recuerda, Bromley hizo notar en días anteriores que la trayectoria de la bala volvía improbable la hipótesis del suicidio. La necropsia mostraba que el proyectil ingresó por la región occipital derecha del cráneo (cerca de la nuca) y salió por el lado izquierdo de la frente. Habría sido difícil que Torres se disparara en esa posición con ambas manos enmarrocadas (con esposas).

La policía divulgó una versión distinta. Según esta, la bala había ingresado por la región temporal occipital izquierda del cráneo (cerca de la oreja) y había salido por la región temporal occipital derecha. Al respecto, el general PNP Miguel Hidalgo, jefe de la Dirandro, niega que exista en su institución la voluntad de encubrir a los agentes sospechosos por la muerte de Torres. Él hizo llegar a este Diario el acta fiscal del levantamiento del cadáver para demostrar que la información de la policía se basó en el examen de un médico legista.

En el documento, que lleva, entre otras, la firma del doctor Luis Eduardo Gonzales Saldaña, del Instituto de Medicina Legal, se lee precisamente que el orificio de entrada de la bala se ubicaba en la región temporal occipital izquierda. El acta fue redactada a las 6:20 a.m., aproximadamente dos horas después del momento en que se produjo el incidente en el local de la Dirandro, ubicado en San Isidro.

Sin embargo, Luis Bromley insiste en sus conclusiones. Sobre las divergencias con el acta del levantamiento del cuerpo, dijo que podrían deberse a la premura con la que suelen realizarse los procedimientos de ese tipo. De todos modos, señaló que indagaría qué ocurrió en este caso, ya que era raro que un médico legista, capacitado para distinguir las diferentes regiones del cráneo, llegara a un resultado tan diferente del que se obtuvo en la necropsia.

La noche del lunes, Torres Ibarra, de 23 años, fue detenido en el aeropuerto Jorge Chávez con 13,4 kilos de clorhidrato de cocaína que pretendía trasportar a su país. Algunas horas más tarde, mientras era trasladado al calabozo de la Dirandro, desató una balacera en la que él mismo perdió la vida, según la policía. De acuerdo con esa versión, el detenido despojó de su pistola al custodio Héctor Oria Pardavé (29), disparó a la pared e hirió a dicho agente de un balazo en el hombro, antes de pegarse un tiro. Detectives de la División de Homicidios investigan qué ocurrió en realidad.

Dirandro afirma que peritaje sí se realizó
El jefe de la Dirandro, el general Miguel Hidalgo, negó tajantemente que sus hombres se hubieran rehusado a someterse a la prueba de absorción atómica, que determinaría si realizaron algún disparo en horas anteriores.

Él se comunicó con El Comercio para ofrecer documentos que probarían que el peritaje en cuestión sí se llevó a cabo. Sin embargo, lo que nos mostró fue copias de los oficios en los que la Dirandro solicitó al Laboratorio Central de la División de Criminalística que practicase ese y otros exámenes a los agentes involucrados.

El pedido se remitió el mismo 19 de febrero. Además de la absorción atómica, abarcaba una prueba toxicológica, el dosaje etílico y un análisis de sarro ungueal (la materia debajo de las uñas). Según Hidalgo, está a la espera de los resultados. Lo cierto es que los oficios demuestran, a lo mucho, que se hizo el pedido, no que se efectuaron las pruebas.

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