9:33 | Esta tradición se inició hace más de 1.000 años en Roma. Vea el mapa de templos del Centro Histórico
Por Iván Herrera Orsi
Mañana, Jueves Santo, cuando el día muera y Cristo esté a punto de cumplir su destino, las calles volverán a llenarse de peregrinos. Cientos de fieles saldrán a recorrer siete iglesias y, en cada una, rezarán por sí mismos, por su familia, por el mundo, delante de un Jesús, que aguarda oculto en un copón de hostias consagradas. Para ver el mapa de iglesias del Centro Histórico haga clic aquí.
"Esta es la fiesta que vivo con más emoción. Me encanta", nos dice Luz Elena Cáceres, una arequipeña que practica esta tradición desde que era joven y aún no había dejado su tierra.
Su esposo acostumbra hacer el recorrido en el Centro de Lima, junto con su hija, a partir de las siete de la noche. Ella, en cambio, prefiere comenzar por la tarde, acompañada por algunas amigas y limitarse a Surco, el distrito donde vive. Se detiene en algunas de las iglesias del circuito para participar de la misa y luego continúa su marcha.
UN ORIGEN MUY ANTIGUO
Esta tradición de Semana Santa no es propia del Perú. Según el padre Armando Nieto, historiador y sacerdote jesuita, se inició en Roma, quizás en una época tan remota como el siglo XVI o XVII, cuando el cristianismo ya gozaba de carta de ciudadanía. Siempre ha estado vinculada al Jueves Santo, la fecha en que se celebra la institución de la Eucaristía. Los creyentes romanos visitaban siete basílicas antiguas, entre ellas San Pedro, San Juan de Letrán, San Pedro y Santa María la Mayor. España heredó la costumbre y la trajo al Nuevo Mundo.
El Arzobispado de Lima explica que la peregrinación de los siete templos recuerda el itinerario que siguió Jesucristo, luego de cenar con sus discípulos, en su camino a la cruz.
Fueron siete los recorridos que hizo el Señor aquella noche y la mañana siguiente: 1) desde el Cenáculo hasta el huerto de Getsemaní, donde oró y sudó sangre; 2) desde el huerto, en que fue detenido, hasta la casa del sacerdote Anás, donde lo interrogaron; 3) de allí, a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde fue escupido e injuriado; 4) luego, a la residencia del gobernador romano Poncio Pilatos, donde los líderes judíos lo acusaron; 5) al palacio del rey Herodes, quien se burló de él insinuando que estaba loco; 6) de vuelta a la casa de Pilatos, donde fue azotado, coronado de espinas y condenado a muerte; y 7) de la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde lo crucificaron.
No hay que confundir estas estaciones con las 14 del Vía Crucis, que detallan la etapa final del trayecto (el Vía Crucis se inicia con la condena a muerte de Jesús).
EL CORAZÓN DE LA FESTIVIDAD
El Centro de Lima, que soporta sus propios padecimientos, ofrece una ventaja innegable para quienes deseen acompañar a Jesús la noche en que empezó su agonía: once iglesias en menos de un kilómetro cuadrado. Y en ese dato no estamos incluyendo los templos y conventos de los Barrios Altos y de otros sectores del Cercado.
Podríamos ir a la Catedral de Lima, en la que la cena del Señor se celebra con especial solemnidad, y caminar después a la iglesia de San Pedro, que estará abarrotada desde temprano por quienes deseen confesarse. Podríamos entrar en la basílica de La Merced, que conserva el recuerdo del padre Urraca o visitar la iglesia de San Marcelo, donde se venera la imagen de Nuestra Señora de los Remedios. De cualquier forma, el centro de la jornada será Jesús: los fieles lo adorarán en los monumentos eucarísticos instalados después de las misas.