10:54 | Desde principios de esta semana, la capital argentina está cubierta por el humo debido a la quema de pastizales de las islas del delta del río Paraná
Buenos Aires (DPA).- El primer día todo fue sorpresa y confusión. No estaba claro si era una tenue niebla o qué. Pero el olor a quemado que comenzó a inundar la ciudad de Buenos Aires a principios de la semana confirmó que la bruma que oscurecía el cielo todo el día era humo, que había llegado para quedarse.
Ahora el humo es todo. Es lo primero que se huele cuando uno se despierta, es lo que impide por las mañanas y las noches ver más allá de los 100 o 200 metros y es el tema que domina todas las conversaciones y los medios de comunicación.
Las dificultades para controlar los cerca de 300 focos de incendio en las islas del delta del río Paraná -que ya quemaron unas 70.000 hectáreas- auguran humo por varios días más.
Invasión gris
El humo invade cada recoveco de la capital argentina y transforma sus paisajes en fotografías veladas por un tono gris. Cada mediodía la ciudad recupera parte de sus colores gracias al poder del sol, pero cuando comienza a caer la tarde todo vuelve a quedar envuelto en humo.
Las avenidas parecen sumidas en un triste invierno. La estación central de trenes de Retiro es una típica postal de una película de terror por el humo que enturbia el final de los largos andenes bajo la arquitectura inglesa de su altísimo techo abovedado de principios del siglo pasado. Hasta el subterráneo, en las profundidades porteñas, está impregnado de humo.
Los servicios de guardia de los hospitales están saturados por consultas por molestias en la visión y problemas respiratorios, mientras los medios de comunicación repiten sin cesar medidas para evitar efectos más graves. Es que el humo está alterando la vida diaria de toda la población de Buenos Aires y zonas cercanas.
Las carreteras de la región deben ser cortadas varias veces al día cuando el humo impide la visibilidad, se suspenden vuelos por cuestiones de seguridad, los buques no pueden navegar por un Río de la Plata que parece salido de una historia de piratas y el tránsito avanza a paso de hombre para evitar nuevos accidentes, que por causa del humo se cobraron ya al menos siete vidas y dejaron decenas de heridos.
Los responsables
Con la vista irritada, al igual que el humor de muchos, comenzaron en tanto las acusaciones cruzadas en busca de los responsables del humo.
Lo que suele ser una práctica habitual en muchos campos de la Argentina, la quema de pastizales para limpiar los terrenos, se convirtió en una catástrofe ambiental en el delta del río Paraná, ubicado en el noreste de la provincia de Buenos Aires y el sur de la provincia de Entre Ríos, a unos cien kilómetros al norte de la capital.
El humedal, declarado Reserva de la Biósfera, es uno de los principales reservorios de agua dulce, fauna y flora autóctona. La zona del delta más cercana a Buenos Aires es una atracción turística y cuenta con miles de residencias de fin de semana y de habitantes estables en sus islas entre los arroyos y ríos que surcan sus islas.
Más al norte, los terrenos se utilizan para la actividad agropecuaria. Allí es común que se quemen campos para liberarlos de los pastizales que crecen en verano y permitir así el ingreso de un mayor número de vacunos para pastorear en invierno. La sequía y la falta de control hicieron esta vez el resto.
El Gobierno acusó de "irresponsabilidad" a los productores agropecuarios justo en medio de las delicadas negociaciones con el sector después de una huelga que llevó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a su primera gran crisis tres meses después de asumir el cargo. Otros denuncian falta de control estatal.
Los porteños se resignan porque saben que tendrán humo por varios días más, que seguramente quedará por mucho tiempo en la memoria como aquellos en que Buenos Aires pareció Londres.