18:48 | El aliancista fue caudillo como jugador y el partido de mañana marcará su debut como técnico en un Clásico
Como futbolista, José Soto pudo ver cumplido uno de sus mayores sueños de su carrera profesional: salir campeón con Alianza Lima en el año del Centenario de su querido club en el 2001. Pero ahora, una nueva ilusión debe acompañar al novel entrenador del conjunto victoriano: vencer a Universitario de Deportes en su primer Clásico como director técnico.
"Hay que estar mucho más calmado en comparación a la etapa en la que uno era jugador, porque ahora nos toca estudiar al rival, estar concentrados para ver los defectos de ellos, y eso me obliga a estar con más tranquilidad", señaló el 'profe' Pepe Soto en la conferencia de hoy.
Anotó más de 60 goles vistiendo la camiseta blanquiazul y se retiró campeón en el 2006 en el equipo dirigido por el uruguayo Gerardo Pelusso, que contaba en sus filas con un recargado Flavio Maestri, y los chilenos Fernando Martel y Rodrigo Pérez como estandartes de esa campaña.
Por estos días, Pepe repasa en Matute aquellos momentos de alegría, pero con la bronca de ver a su equipo en la novena posición del Torneo Apertura 2008. Por eso quiere levantar al equipo, inyectarle optimismo, y recuperar la mística íntima de los 'Potrillos' de antaño.
"Desde que asumí el cargo las cosas han cambiado en Matute. Ahora ha vuelto a ser el Alianza de antes porque permito que haya música en la concentración. Hago juegos recreativos con el plantel y en general veo al grupo más desenvuelto y alegre", precisó el DT victoriano.
"Es verdad que el equipo crema gira en base a lo que hacen Neyra y Hurtado, pero tampoco hay que olvidar que tienen a Rabanal que se proyecta muy bien. Rainer Torres es un relojito y eso los hace colectivamente fuertes. Pero no cabe duda que la 'U' pierde mucho sin Galván (suspendido tres fechas más), porque él era la voz de mando entre Néstor Duarte y Jorge Araujo", apuntó.
Ya tiene estudiado al equipo rival, desde la óptica que le corresponde. Mañana no tendrá una camiseta para quitársela y rebolearla por los aires como era su costumbre cada vez que anotaba un gol, pero el entrenador que siempre viste de buzo, con seguridad, no dudará en meterse a la cancha y confundirse en el abrazo si su venerado Señor de los Milagros le permite saborear un triunfo, así sea esta vez, desde la zona técnica.