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La insensibilidad de la Junta birmana agudiza el ingenio de los socorristas

15:26 | Los organismos crean otras vías para ayudar ante las trabas impuestas por las autoridades. Además, hay 78.000 muertos, según cifras oficiales

Singapur (DPA).- El médico francés no puede contener su indignación frente a la embajada birmana. "Acaba de salir una mujer con un visado de turista. Los turistas son bienvenidos, los médicos no", reniega ante las cámaras de televisión.

Su voz apenas disimula su rabia. Al igual que otros cientos de socorristas, expertos en logística y técnicos extranjeros, no tiene la posibilidad de llegar a la zona de catástrofe, donde cientos de miles de víctimas del ciclón Nargis necesitan desesperadamente ayuda (hasta el momento ha causado 78.000 muertes, según datos oficiales anunciados hoy por la televisión estatal birmana, que cifró los heridos en casi 20.000 y los desaparecidos en más de 55.000).

Las organizaciones humanitarias mantienen la presión, los diplomáticos negocian, los políticos reclaman y algunos amenazan, pero nadie tiene alternativa a someterse al dictado de la Junta militar de Birmania (Myanmar).

Con decenas de miles de vidas en peligro, nadie duda en enviar provisiones de auxilio, aun cuando se multiplican los rumores y sospechas de que el brutal régimen de la ex Birmania acapara parte de los envíos.

La organización Human Rights Watch tiene evidencias de que el ejército birmano se quedó con galletas de alto valor energético llegadas desde el exterior y en su lugar repartió otras -de producción local y menos nutritivas- entre las víctimas.

China, Estados Unidos, Rusia y Tailandia entregaron sus ayudas a los soldados birmanos, acatando las exigencias del Gobierno. Diplomáticos extranjeros presenciaron la descarga de los aviones militares en Rangún, pero nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurre más allá de los límites de la ciudad.

"Estamos relativamente seguros de que la ayuda no ha sido retenida", dijo el portavoz de la embajada estadounidense en Bangkok, Michael Turner. "Preferimos trabajar con organizaciones humanitarias. Pero cuando la necesidad es tan enorme, no podemos ser selectivos", afirma Bill Berger, de la agencia gubernamental de ayuda de Estados Unidos (USAID).

Las posibilidades de ayuda son mejores para las organizaciones que cuentan con personal propio en Myanmar. Sus colaboradores locales pueden acceder a la zona de catástrofe, al contrario que los extranjeros. Sin embargo, el personal sigue siendo insuficiente. La frustración ante la actitud de la Junta ha obligado al "pensamiento creativo", en palabras de James East, de la organización humanitaria World Vision.

"Hemos buscado por todo Rangún y encontramos 30 ingenieros. Ya contratamos y formamos a diez, que pronto viajarán a la zona de catástrofe, donde pondrán en funcionamiento equipos potabilizadores de agua enviados desde Alemania sin los técnicos correspondientes", dice John Sparrow, de la Cruz Roja.

World Vision está trasladando a algunos de sus más de 500 colaboradores birmanos a Bangkok para capacitarlos con carácter de urgencia. "En tres días aprenden a montar y mantener equipos de potabilización", dice James East en Bangkok.

La organización busca además a birmanos exiliados en el extranjero dispuestos a viajar como socorristas a su país de origen. También Médicos Sin Fronteras (MSF) contrató más trabajadores locales en el delta de Irrawaddy. Ninguno de estos esfuerzos cambia la cruda realidad: la Junta birmana pone en peligro la vida de los damnificados con su rechazo a la ayuda de extranjeros.

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